La recepción del placer, cuando uno recibe para su propio beneficio, lo aleja de apegarse al Creador.
Y esta es la razón por la que nos reunimos aquí: para establecer una sociedad en la que cada uno de nosotros siga el espíritu de otorgar al Creador. Y para lograr el otorgamiento al Creador, debemos comenzar con el otorgamiento al hombre, que se llama «amor a los demás» (Rabash, «Propósito de la Sociedad – 1»).
En cambio, uno debe recibir placeres que traigan satisfacción al Creador. Esto significa que la criatura querrá otorgar al Creador y tendrá miedo del Creador, de recibir para uno mismo, ya que la recepción de placer, cuando uno recibe para su propio beneficio, lo aleja de apegarse al Creador.