Sus almas, vienen y se impregnan en una persona, en lo que se llama impregnación para ayudarle en el trabajo del Creador (Rabash, Artículo 10, 1984 “¿Cuál es el grado que uno debe alcanzar para no tener que reencarnarse?”).
“Ibur” es la concepción del alma de los justos, a la que debemos dar la bienvenida, y necesitamos crear todas las condiciones posibles para que las personas que comienzan a estudiar Cabalá puedan aprender y elevarse a este nivel.
El propio hombre participa en parte en esta concepción al aprender a estar en buenas relaciones con los demás. En principio el hombre no tiene alma, sino solo el potencial para su desarrollo, y solamente se concibe cuando trabaja en grupo.