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Un Shaná Tová (buen año) depende de nosotros

Mi nuevo articulo: «Un Shaná Tová (buen año) depende de nosotros«

Estamos en el umbral de una revolución total, un cambio importante en nuestra actitud, hacia nosotros mismos, hacia la sociedad, hacia la humanidad y hacia toda la naturaleza. Rosh HaShaná –es en hebreo y significa “cabeza” o “inicio” de “año”-, llega en un momento especial, como nunca antes, en medio de una pandemia mundial. Somos conscientes del impacto de gran alcance del virus, pero debemos preguntar ¿con qué propósito llegó? La respuesta a esta pregunta es la clave para un buen año nuevo, un Shaná Tová 5781.

El coronavirus nos muestra que nuestro comportamiento individualista y egocéntrico nos lleva a la destrucción y al dolor. Viéndonos a los ojos en el espejo, con total honestidad podemos preguntarnos ¿queremos reformar y corregir nuestra naturaleza, cambiarla por una que sólo quiera cooperación mutua y unidad?

Los crecientes desafíos y predicamentos por los que estamos pasando, despiertan la introspección mundial para entender que el camino actual que recorre la humanidad no nos lleva a un buen lugar. Este reconocimiento, por sí solo, ya es un paso muy importante en nuestro desarrollo. El coronavirus resultó ser una fuerza que despierta a la humanidad para hacer una revisión completa de su estado.

Nuestra comprensión actual de lo que está sucediendo se reduce a la conciencia de que el virus nos golpea.

Pero nuestra razón no profundiza más. No tenemos idea de hacia dónde nos dirigen los golpes ni de dónde vienen ni, lo más importante, cuál es su propósito. Estamos tan desamparados y desorientados como un bebé recién nacido que siente dolor y llorar, sin comprender el motivo de la situación.

Así, nuestro desafío prioritario es descubrir el motivo del coronavirus, no en el sentido biológico, sino su sentido esencial, desde su mismo origen. Distanciamiento social, mascarillas, evitar multitudes, la carrera mundial por la vacuna, tratamientos experimentales: todas son medidas que buscan aliviar el problema de la Covid-19. Pero, ninguna será la solución integral al fenómeno del coronavirus.

La naturaleza, como padre amoroso, siempre trabaja por el bien de su creación. Los golpes, presiones y angustias, tan dolorosas como las siente cada individuo, no son para perjudicarnos, sino para equilibrarnos con la naturaleza y lograr una vida mejor. Su propósito es agudizar la conciencia de nuestras prioridades en la vida, de lo que realmente importa: relaciones armoniosas; entre nosotros y con la naturaleza.

La pandemia tiene como meta hacer que nos acerquemos adecuadamente al entorno que nos rodea, de forma integral y como complemento. Con el deseo de hacer bien a los demás y a nuestro entorno. La naturaleza es global, integral y unida. La tendencia del desarrollo evolutivo es hacer que nos identifiquemos con esas cualidades, a pesar de que fuimos creados muy diferente y que estamos distante unos de otros.

La era del coronavirus está cambiando nuestra vida, literalmente, por la fuerza. Nos lleva hacia un mundo superior y más avanzado, en el que todas las partes están unidas.

Hasta ahora, el mundo se ve justo al revés, lleno de juegos del ego, violencia, corrupción, luchas y disturbios, es parte del proceso de desarrollo. Si al inicio de la pandemia aún veíamos manifestaciones de solidaridad y ayuda mutua, hoy se agotó la paciencia de todos. Además, la ilusión de que nos tratamos bien está rota y ya es claro que es parte de la naturaleza humana cuidar sólo de uno mismo.

La impotencia que sentimos nos llevará a buscar la guía de nuestros sabios que, a lo largo de miles de años, crearon un método de unidad para este momento especial, para llevar a la humanidad a un nuevo horizonte. Este método atemporal desarrolla el enfoque y el sentimiento de que todos estamos dentro de un sistema. Una vez que se nos inculca firmemente esta noción, se vuelve natural tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros, hasta que seamos “como un hombre con un corazón”. Y cuando finalmente nos conectemos con armonía, sentiremos que el poder único de la naturaleza que lo guía todo, en realidad, sólo nos hace el bien.

Entonces, ¿qué debemos desearnos para el nuevo año? Primero, reconocer nuestra naturaleza humana egoísta como la fuerza autodestructiva que nos separa. Segundo, desear cambiar de dirección y conectarnos por el bien de todos. Así, activaremos la fuerza de la naturaleza que irradia un mundo sano y sereno. Nuestra intención y deseo de construir una conexión profunda entre nuestros corazones, sanará el coronavirus en su raíz y asegurará que el siguiente año sea el más dulce que jamás hayamos vivido, realmente un Shaná Tová.

Nueva Vida 1279 – Código para el éxito en el año nuevo


Nueva Vida 1279 – Código para el éxito en el año nueva
Dr. Michael Laitman en conversación con Oren Levi y  Yael Leshed-Harel

Resumen

Para tener un año nuevo con éxito, los israelíes necesitan descubrir la conexión entre sus diversos ciudadanos, de manera que logren Arvut, garantía mutua entre ellos. El coronavirus fue enviado por el Creador para organizarnos en lazos de amor mutuo y conexión, de acuerdo a un plan evolutivo. La humanidad hasta ahora no lo entiende, está ocupada ocultándose e intentando protegerse. En consecuencia, estamos congelados en términos de nuestras relaciones internacionales y culturales. 

Es la misión de Israel mostrarle al mundo cómo conectarse correctamente de acuerdo al principio, “ama a tu prójimo como a ti mismo” y volverse luz para las naciones. No es suficiente ser hermanos en tiempos de guerra, los israelíes deben entender que están encerrados en un sistema integral y que tienen que cambiarse a sí mismos para desarrollar cercanía interna entre ellos.
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De Kabtv “Nueva Vida 1279 – Código para el éxito en el año nuevo” 31/ago/20

Rosh HaShaná, ¿estará peor, antes de estar mejor?

Mi nuevo articulo: «Rosh HaShaná, ¿estará peor, antes de estar mejor?«

Estamos a punto de celebrar el Año Nuevo judío, un Rosh HaShaná como ningún otro. Las sinagogas del mundo están ajustando sus servicios a las restricciones de la Covid-19 que limitan las reuniones físicas. Además de la pérdida de vidas, miembros individuales y congregaciones enteras, se han visto profundamente afectados por los golpes económicos que causan estragos en olas y que alientan a los antisemitas a culpar a los judíos por la creación y propagación del virus. Un futuro sombrío parece el escenario más realista, pero esto definitivamente puede cambiar si tan sólo vemos nuestro destino como un proyecto único y perfectamente compartido.

Ahora está sucediendo lo contrario. Dentro de los judíos de Estados Unidos, la división, el odio mutuo y las disputas, señalan una fragmentación interna que pone en peligro la continuidad de una vida judía vibrante, ahora y, para las generaciones venideras. En Israel, la política y quién es considerado judío, son temas, entre otros, que provocan enfrentamientos candentes dentro de nuestra comunidad.

Curiosamente, la Covid-19 llegó sin poner atención en quién es religioso o secular, de izquierda o de derecha. Pero, no vemos el panorama total, que es una crisis amenazante, causada por un virus, que no ignora a nadie. La Covid-19 apareció y detuvo en seco la vida normal con el claro propósito de hacernos reflexionar sobre nosotros mismos y nuestras perspectivas egoístas hacia los demás y hacia el entorno.

¿Cómo podemos captar una visión global cuando estamos tan ocupados con disputas y peleas?

Lamentablemente, entramos en la temporada de fiestas con los ojos vendados, preocupados por volver a la rutina y a nuestras luchas de poder habituales y sólo por nuestros intereses personales.

Ya es hora de que nos detengamos y nos aferremos firmemente al nuevo año como una oportunidad única para introspección y cambio. Rosh HaShaná, del hebreo “Rosh HaShinui”, marca no sólo el comienzo del calendario hebreo, también simboliza la renovación, un tiempo para la evaluación interna de nuestros pensamientos hacia los demás y de la intención detrás de nuestras acciones.

Actualmente nos gobierna nuestro intelecto que inmediatamente hace cálculos sobre cómo perseguir mejor las relaciones egoístas en beneficio propio, provocando separación y conflicto. Llegó el momento de inspirarnos en una mentalidad superior, más integral y estable, que nos ayude a abrir los ojos, a reconocer nuestras luchas agotadoras e infructuosas en la vida y a elegir el cambio.

¿Cómo se puede hacer una transformación tan importante?

Con el poder de la naturaleza, una fuerza que trabaja consistentemente para unir todos los detalles de la realidad que nos rodea y que conecta a todos como uno, que trasciende nuestros puntos de vista limitados y egoístas y, asegura un cambio profundo.

Nuestro problema es que actualmente estamos en estado opuesto a la naturaleza, en ella todo funciona en equilibrio. Con nuestra falta de integración con el sistema en el que vivimos, con nuestras relaciones mutuas rotas, la naturaleza seguirá aumentando el impacto de la pandemia hasta que reaccionemos y nos unamos.

Nuestra vida está regida por cierres, restricciones, incertidumbres y cada golpe sucesivo será aún más doloroso que el anterior, hasta que hagamos esfuerzos por mejorar la conexión de nuestras relaciones humanas.

Sin embargo, no es necesario esperar a que la situación empeore. Las cosas pueden mejorar si nos preguntamos cuál es la causa principal del coronavirus, si aprendemos de la vida lo que es esencial para que existamos y nos acercamos a otros de forma más sana y considerada. Igual que el mundo natural, redondo y conectado que nos rodea, la naturaleza trata de enseñarnos a vivir en armonía y paz, con el deseo de hacer el bien a los demás, implementando el principio judío fundamental, “ama a tu prójimo como a ti mismo” y transformando nuestro corazón.

Despertamos la fuerza que impulsa el cambio positivo, cuando damos un paso hacia la conexión, cuando nos acercamos y reducimos las enormes brechas entre nosotros. Podemos hacerlo en contra de nuestro deseo o de forma proactiva con el corazón abierto. Ni siquiera necesitamos borrar los sentimientos negativos ni nuestros desacuerdos, sólo superarlos con el espíritu de “el amor cubrirá todos los delitos”. (Proverbios 10:12)

En pocas palabras, el poder del amor que activamos en la conexión de nuestros corazones, por encima de todo lo que nos desgarra, es precisamente lo que endulzará nuestro destino como pueblo judío y como individuos y nos mantendrá fuertes y saludables. ¡Feliz Rosh HaShaná!

Aspirando alto durante las altas Fiestas Judías

Mi nuevo articulo: «Aspirando alto durante las altas Fiestas Judías«

Imágenes de profunda introspección y una comunidad intensamente conectada, representa la atmósfera vívida de los Días de temor (Yamim HaNoraim), que llenan las sinagogas cada otoño. Este año, por primera vez en la historia, la COVID-19 nos dará una sensación completamente diferente en las Altas Fiestas, porque se llevarán a cabo, principalmente por plataformas virtuales, en lugar de reuniones físicas masivas. La distancia física que nos impone el virus, no es coincidencia. Es un reflejo de nuestro estado interno como pueblo judío. Las Altas Fiestas judías de este año ofrecen una oportunidad especial para transformarnos, para pasar de nuestra división actual a la unidad de nuestros corazones.

Nuestras nuevas condiciones en realidad son una señal y dirección desde Arriba, de lo que deberíamos pedir en nuestras oraciones, particularmente durante las fiestas judías. Ahora es el momento perfecto para hacer una pausa y reflexionar sobre nuestra presencia en el mundo, como pueblo, tan dividido, lleno de odio infundado, sin conexión ni reciprocidad. Una oración potente y eficaz debería ser una súplica de unidad para toda la nación. Pero ¿cómo puede ser si nos mantenemos a distancia y en oposición interna? Si ese es nuestro estado, también debemos sentir la distancia física. Este es el mensaje dentro de las condiciones únicas que nos presenta la pandemia de este año.

Es bueno que sintamos que nuestros juegos egoístas nos encierran dentro de nosotros mismos y lo difícil que es abrir el corazón hacia alguien con opiniones diferentes, pues estamos divididos en facciones, partidos y campamentos. Naturalmente, nos enorgullecemos de nuestra comunidad y denominación, pero eso nunca debería usarse para menospreciar, repudiar o maltratar a los demás. Si bien nuestra diversidad es maravillosa, debería haber algo que nos conecte a todos como uno, por encima de las diferentes formas y colores. Actualmente, nos falta esa piedra angular del amor entre nosotros.

Así que este año, en lugar de congregarnos mecánicamente, deberíamos sentarnos solos y lamentar el estado roto y miserable en el que estamos hundido como pueblo. Tan pronto como seamos conscientes de lo que se debe arreglar, de nuestra separación como nación judía, brotará una verdadera oración en lo más profundo de nuestro corazón y dará vida a las palabras vacías recitadas en el libro de oraciones.

Originalmente, la sinagoga o Beit Knesset (hebreo Kinus, congregarse) simboliza, casa de conexión, un lugar donde todos se reúnen para buscar un poder supremo de amor y abundancia. Si este año, las circunstancias ni siquiera nos permiten unirnos físicamente, debe ser un indicio de que llegamos a un callejón sin salida en nuestro camino actual. Pero hay un lado positivo: cuando el mal se revela, nos invita a corregir el rumbo y a trazar un nuevo camino hacia una forma de existencia más avanzada.

Además, la era del coronavirus ilumina algo que estuvo oculto hasta ahora. Si en el pasado pudimos estar separados en nuestro corazón y aún sentarnos juntos, ya no es así. Hay una ley en la naturaleza que nos obliga a adaptarnos a un mundo que evoluciona hacia un estado estrechamente interconectado. Por lo tanto, ya no podemos relacionarnos con “Ama a tu prójimo como a ti mismo” como una frase hermosa pero vacía. Es la fórmula absoluta para la conexión mutua, sin la cual es imposible sobrevivir. Entramos en un nuevo grado evolutivo, en el que todos sentirán que el otro realmente es una de sus partes y realmente seremos como un hombre con un corazón.

El proyecto piloto de nuestra conexión integral debe tener lugar primero, entre nosotros, los judíos. Y cuando descifremos el nuevo código de conexión, iluminaremos el camino para todos los demás. El resultado final será gozo, salud, prosperidad y abundancia suprema, que fluirá por nuestros corazones conectados.

Fiestas mayores virtuales y lo que significan

Mi nuevo articulo: «Fiestas mayores virtuales y lo que significan«

Ahora que la Covid-19 nos impuso el distanciamiento social, muchos establecimientos que dependen de la asistencia física, tienen un problema. Entre ellos se encuentran las sinagogas. Según una historia de la Agencia Telegráfica Judía (JTA), “La primera temporada de Fiestas Mayores en la pandemia hace que las sinagogas se pregunten si la gente pagará cuotas. Es una muy buena pregunta y queda por ver cómo los establecimientos judíos; sinagogas y JCC, se enfrentarán a la falta de ingresos de la gente que asiste a los servicios y actividades.

Pero para mí, el punto más interesante es el mensaje detrás de la prohibición de congregarse. Creo que cualquier judío que crea en Dios debería preguntarse: “¿Qué está tratando de decirnos Dios al no permitirnos congregarnos en el día más santo del año? ¿cuándo no se han congregado los judíos en Yom Kippur (Día de la Expiación)? Probablemente solo durante el Holocausto y bajo regímenes totalitarios o antisemitas. ¿Dios no quiere nuestras oraciones? ¿cómo podemos expiar nuestros pecados si no podemos congregarnos para los servicios de Yom Kippur?”

En mi opinión, hay un mensaje. No somos dignos de servir a Dios, porque no somos fieles al principio fundamental de nuestra Torá: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Si sólo los que pueden pagar las elevadas tarifas de entrada pueden orar a Dios dentro de la sinagoga y si sólo aquellos que oran según “nuestro libro de oraciones” pueden unirse al servicio y al resto se le dice que busquen otros de su propia clase, entonces somos ejemplo de Sinaat Hinam (odio infundado), la causa misma de nuestro exilio y dispersión. Si odiamos a nuestros hermanos, no merecemos congregarnos.

Creo que este año es muy especial. Este año, realmente tenemos oportunidad de contemplar nuestro judaísmo, de reflexionar en lo que es ser judío, en por qué se nos dijo que fuéramos “luz para las naciones” y lo que esto quiere decir. Y creo que deberíamos partir de lo básico, de la unidad y la responsabilidad mutua. Antes de aprender a recitar el libro de oraciones, aprendamos a orar por los otros, seamos modelo de unidad, en lugar de ejemplo de división.

Hoy es una época de cambios tectónicos. El judaísmo también tiene que cambiar. A menos que regresemos a nuestros valores fundamentales de amor a los demás y responsabilidad mutua, el judaísmo tal como lo conocemos desaparecerá.

Clamor desde un callejón sin salida

Comentario: El 9 de Av es el día de la destrucción del Primer y Segundo Templos. En la práctica, los Templos fueron construidos desde ama a tu prójimo. 

Mi comentario: La destrucción del Primer y Segundo Templos fue predicho incluso antes de su construcción. 

Pregunta: Entonces ¿por qué fueron construidos? 

Respuesta: Asegurarse de que no pudieran interponerse en la manera en que fueron construidos. Cada Templo personificaba la unidad del pueblo. Y dado que esta unidad era insuficiente, los Templos colapsaron. 

Pregunta: ¿Por qué colapsaron? 

Respuesta: Para crear el Tercer Templo. Es lo más importante. Debemos construir el Tercer Templo sólo con nuestras peticiones y plegarias, porque el Tercer Templo es construido a partir de esas deseos, intenciones y conexiones que el hombre no puede implementar, sólo puede pedir. 

Pregunta: Es decir, el Tercer Templo será construido con base en la unidad del mundo. Dos Templos fueron construidos por una nación, el Tercer Templo ¿debe ser construido por el mundo entero? 

Respuesta: Si. Está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para las naciones”. 

Pregunta: ¿Para que se erige un nuevo Templo, debe ser destruido el Templo previo? 

Respuesta: Definitivamente. Porque precisamente sobre la base de la destrucción de los Templos, cuando el hombre entiende por qué los Templos colapsaron, él puede corregir su actitud hacia justo el concepto del “Templo” y construir uno nuevo. 

Pregunta: ¿Siente que está llegando el tiempo para la construcción del Tercer Templo? 

Respuesta: Lo siento, pero la gente aún no. No entiende su necesidad ni en general, qué es el Tercer Templo. 

Pregunta: ¿Sólo el amor por mi prójimo es su base? 

Respuesta: Si. 

Comentario: En general, todos hablan acerca del amor al prójimo. 

Mi comentario: Sólo hablan ¡No hay absolutamente ninguna comprensión! ¿dónde, en qué nación has visto unidad? Más aún, la unidad, no sólo dentro de la nación, sino además con otros pueblos, la motivación para hacerlo ¡No hay nada! Pero no hay nada en nuestra nación tampoco. Simplemente tiene que comenzar a mostrarse. 

Pregunta: ¿Cómo sentirá las señales de su manifestación? ¿será un callejón sin salida, el colapso? 

Respuesta: Si. Será un callejón sin salida, una total decepción con lo que tenemos ahora y una salida hacia la unidad, como la única salida de nuestro estado. 

Pregunta: Entonces, como dice a menudo, ¿debe haber un clamor universal? 

Respuesta: Si. Un aullido, un gruñido, en el que habrá absoluta desesperación, por no poder llegar al destino predeterminado. No sólo vivir. No importa -vivir o morir. Al final, todos vivimos y todos morimos. 

No hay nada en eso. Un par de años antes o después, el hombre puede acostumbrarse y decir: “Eso es todo, me voy”. 

Pero el gruñido viene porque hay una enorme oportunidad de adherirte a un mundo completamente nuevo que se exhibe ante ti. Comienzas a sentir que puedes elevarte a un nivel diferente de existencia. No es acerca de la vida y la muerte, sino acerca de lo ideal. 

Pregunta: ¿Cuál es este ideal? 

Respuesta: El ideal es la unidad de absolutamente todos por encima del odio. Así, todos se sentirán como uno.
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De Kabtv “Noticias con el Dr. Michael Laitman” 27/jul/20

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¿Quién es culpable de la destrucción del templo?
Jerusalén, construida en nuestro corazón
El templo es la medida del nivel espiritual

No pases por alto el mensaje del 9 de Av

Mi nuevo articulo: «No pases por alto el mensaje del 9 de Av«

Este miércoles 29 de julio es el 9 del mes hebreo de Av. Ese día, ambos templos fueron arruinados y los judíos fueron exiliados de su tierra. En el primer exilio, fueron deportados a Babilonia de donde regresaron después de 70 años con la bendición del rey persa, Ciro el Grande, y una carta otorgándoles apoyo imperial para reubicarse en la tierra y reconstruir el Templo.

El período del segundo templo es más complicado que el primero. En medio de esto, los judíos comenzaron a luchar entre ellos, los judíos helenizados intentaban erradicar el judaísmo tradicional e instalar la cultura y la mitología griegas y los macabeos peleaban en contra, querían expulsar al helenismo y restaurar el judaísmo auténtico. En ese período, los judíos perdieron el control sobre el Templo, pero lo recuperaron cuando los Macabeos ganaron la guerra. Finalmente, las batallas internas y el odio entre las facciones judías destruyeron el país, devastaron Jerusalén y demolieron el Templo. Después, los judíos fueron exiliados por dos mil años.

Aunque los historiadores atribuyen ambos exilios a los conquistadores externos, los antiguos textos judíos atribuyen muy poca influencia a los factores externos, si es que las hay. En cambio, atribuyen los problemas del pueblo judío a su propia desunión.

Como si nunca hubiéramos aprendido

El pueblo judío ganó su nacionalidad cuando al pie del monte Sinaí, se unió “como un hombre con un corazón”. Según los antiguos escritos judíos, a los hebreos que salieron de Egipto se les dijo que si se unían, serían declarados nación. Si no lo hacían, el monte los cubriría como bóveda y se sería su lápida. Los judíos, según las fuentes, se unieron y se convirtieron en la nación judía o israelí. Pero en ese momento, también tenían la tarea de ser “luz para las naciones”, es decir, dar ejemplo de unidad al resto de las naciones.

La demanda de que los judíos sean modelo a seguir de la unidad es, desde entonces, el núcleo del odio al judío que emana de otras naciones y también de los judíos que se resistieron a la idea de unidad y quisieron seguir sus agendas individuales (más tarde para convertirse en helenistas). Hace dos mil años, el odio dentro del pueblo judío se volvió tan feroz que se encerraron dentro de su capital, Jerusalén (con la legión romana acampada fuera de los muros), se mataron unos a otros, quemaron depósitos de alimentos de los demás e hicieron que para el general Tito fuera mucho más fácil conquistar la ciudad y destruir el Templo.

El odio entre los judíos fue tan evidente y abominable, que negó al triunfante Tito la emoción de la victoria. Cuando la reina Helena le ofreció la corona de la victoria después de tomar Jerusalén, Tito se negó diciendo que no tenía ningún mérito vencer a un pueblo abandonado por su propio Dios.

El día en que los romanos entraron al Templo y sellaron la derrota judía, se convirtió en un día de luto. Pero no debemos llorar la destrucción de las paredes ni la ruptura del altar. En cambio, deberíamos llorar la ruina de nuestra unidad, nuestro amor fraterno, el abandono de nuestra tarea de unirnos como un hombre con un corazón y ser modelo a seguir para las naciones.

Cuando Hitler explicó en Mein Kampf, por qué su odio a los judíos, expuso su disgusto por la aversión que había entre ellos. “El judío sólo se une cuando un peligro común lo obliga o un botín común lo atrae; si faltan estos dos motivos, la cualidad del ego más grosero se surge en ellos”, escribió. Muchos otros antisemitas escribieron y hablaron de manera similar sobre el pueblo judío. No dedicarían tanta atención a su odio a los judíos, si no esperaran que ellos sintieran lo contrario hacia sus hermanos.

Hoy, casi un siglo después del surgimiento del líder más diabólico y genocida en la nación más avanzada, moderna y civilizada de la época, los judíos aún no aprenden nada. Una vez más, la división y el odio interno son rampantes, tanto dentro como fuera de Israel. Los grupos judíos y antijudíos, se vuelven cada vez más estridentes y gritan con indignación que solo su camino es correcto, que los judíos con otros puntos de vista son ignorantes e inferiores. No se dan cuenta de que su afirmación, ante los ojos de las naciones que anhelan tan desesperadamente, no depende de su ideología, sino de su unidad, precisamente con los hermanos a los que odian.

Desde la perspectiva del mundo, nada ha cambiado. Aún tenemos la tarea de ser luz para las naciones, de dar ejemplo de unidad y aún se nos odia por mostrar lo contrario. Vasily Shulgin, un miembro de alto rango del Parlamento ruso antes de la revolución de 1917 y autoproclamado antisemita escribió en su libro Lo que no nos gusta de ellos …: “Los judíos en el siglo XX se volvieron muy inteligentes, efectivos y vigorosos para explotar las ideas de otros. Pero,” dice “esa no es ocupación para maestros y profetas, ni el rol de guías de ciegos ni el papel de portadores de cojos”.

En el fondo, cada judío se siente en deuda con el mundo. En el fondo, sentimos el llamado de nuestra vocación. Pero nunca estaremos a la altura de nuestra tarea si nos odiamos unos a otros. Lo haremos sólo si mostramos al mundo que por encima de nuestros grandes desacuerdos, que nos amamos como familia. Aunque no podemos estar de acuerdo en nada, formamos una unión que sea más fuerte que cualquier disputa. Nuestras divisiones son el vehículo con el que podemos mostrarle al mundo lo que es unidad, pero sólo si nos enfrentamos al desafío y nos unimos por encima. Si lo hacemos, el mundo verá que la unidad es posible, por muy profundo que sea el abismo entre las personas y las naciones. Si seguimos evitando la unidad, el mundo seguirá culpándonos de la división en el mundo y nos hará pagar por su sufrimiento.
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«¿Cuál es el significado espiritual de Tisha B’Av?» (Quora)

Michael Laitman, en Quora: «¿Cuál es el significado espiritual de Tisha B’Av?«

Nuestro mundo está gobernado por dos fuerzas; positiva y negativa y nosotros, los humanos existimos entre esas fuerzas. En espiritualidad, la raíz de la fuerza negativa se llama «Tisha B’Av» («nueve de Av«).

Ya en la antigua Babilonia, la fuerza negativa siempre se revelaba alrededor de esta fecha especial. Ya sea el pecado de los espías, la ruina del Primer Templo, el exilio de Babilonia, la ruina del Segundo Templo en Tisha B’Av y la expulsión de judíos de la Tierra de Israel o después, de España, Alemania e Inglaterra, el pueblo de Israel comete grandes pecados y también recibe castigos en Tisha B’Av.

¿Por qué ocurren esos pecados y castigos?

Todo se debe a que no logramos llevar la fuerza positiva por delante de la fuerza negativa que revela Tisha B’Av.

El Primer Templo fue arruinado por nuestra falta de conexión, el Segundo Templo fue arruinado por el odio infundado.

En cada caso, encontramos la ruptura por nuestra creciente distancia mutua y eso desata la fuerza negativa en nuestras relaciones.

Como escribe el cabalista Yehuda Ashlag (Baal HaSulam):

“Como la muerte natural del individuo resulta por la falta de armonía entre sus órganos, el declive natural de la nación resulta de alguna obstrucción que se produjo entre sus órganos, como testificaron nuestros sabios (Tosfot, Baba Metzia, Capítulo dos), ‘Jerusalén fue arruinada sólo por el odio infundado que existía en esa generación’. En ese momento, la nación fue plagada y murió y sus órganos se dispersaron en todas direcciones». (Yehuda Ashlag, La Nación)

Por el contrario, nuestra unidad tiene el poder de impedir que la fuerza negativa entre en nuestras relaciones y en su lugar, nuestra unidad permite que la fuerza positiva brille a través de nuestras conexiones, generando paz y armonía.

No pases por alto el mensaje del 9 de Av

Mi nuevo articulo: «No pases por alto el mensaje del 9 de Av«

Este miércoles 29 de julio es el 9 del mes hebreo de Av. Ese día, ambos templos fueron arruinados y los judíos fueron exiliados de su tierra. En el primer exilio, fueron deportados a Babilonia de donde regresaron después de 70 años con la bendición del rey persa, Ciro el Grande, y una carta otorgándoles apoyo imperial para reubicarse en la tierra y reconstruir el Templo.

El período del segundo templo es más complicado que el primero. En medio de esto, los judíos comenzaron a luchar entre ellos, los judíos helenizados intentaban erradicar el judaísmo tradicional e instalar la cultura y la mitología griegas y los macabeos peleaban en contra, querían expulsar al helenismo y restaurar el judaísmo auténtico. En ese período, los judíos perdieron el control sobre el Templo, pero lo recuperaron cuando los Macabeos ganaron la guerra. Finalmente, las batallas internas y el odio entre las facciones judías destruyeron el país, devastaron Jerusalén y demolieron el Templo. Después, los judíos fueron exiliados por dos mil años.

Aunque los historiadores atribuyen ambos exilios a los conquistadores externos, los antiguos textos judíos atribuyen muy poca influencia a los factores externos, si es que las hay. En cambio, atribuyen los problemas del pueblo judío a su propia desunión.

Como si nunca hubiéramos aprendido

El pueblo judío ganó su nacionalidad cuando al pie del monte Sinaí, se unió “como un hombre con un corazón”. Según los antiguos escritos judíos, a los hebreos que salieron de Egipto se les dijo que si se unían, serían declarados nación. Si no lo hacían, el monte los cubriría como bóveda y se sería su lápida. Los judíos, según las fuentes, se unieron y se convirtieron en la nación judía o israelí. Pero en ese momento, también tenían la tarea de ser “luz para las naciones”, es decir, dar ejemplo de unidad al resto de las naciones.

La demanda de que los judíos sean modelo a seguir de la unidad es, desde entonces, el núcleo del odio al judío que emana de otras naciones y también de los judíos que se resistieron a la idea de unidad y quisieron seguir sus agendas individuales (más tarde para convertirse en helenistas). Hace dos mil años, el odio dentro del pueblo judío se volvió tan feroz que se encerraron dentro de su capital, Jerusalén (con la legión romana acampada fuera de los muros), se mataron unos a otros, quemaron depósitos de alimentos de los demás e hicieron que para el general Tito fuera mucho más fácil conquistar la ciudad y destruir el Templo.

El odio entre los judíos fue tan evidente y abominable, que negó al triunfante Tito la emoción de la victoria. Cuando la reina Helena le ofreció la corona de la victoria después de tomar Jerusalén, Tito se negó diciendo que no tenía ningún mérito vencer a un pueblo abandonado por su propio Dios.

El día en que los romanos entraron al Templo y sellaron la derrota judía, se convirtió en un día de luto. Pero no debemos llorar la destrucción de las paredes ni la ruptura del altar. En cambio, deberíamos llorar la ruina de nuestra unidad, nuestro amor fraterno, el abandono de nuestra tarea de unirnos como un hombre con un corazón y ser modelo a seguir para las naciones.

Cuando Hitler explicó en Mein Kampf, por qué su odio a los judíos, expuso su disgusto por la aversión que había entre ellos. “El judío sólo se une cuando un peligro común lo obliga o un botín común lo atrae; si faltan estos dos motivos, la cualidad del ego más grosero se surge en ellos”, escribió. Muchos otros antisemitas escribieron y hablaron de manera similar sobre el pueblo judío. No dedicarían tanta atención a su odio a los judíos, si no esperaran que ellos sintieran lo contrario hacia sus hermanos.

Hoy, casi un siglo después del surgimiento del líder más diabólico y genocida en la nación más avanzada, moderna y civilizada de la época, los judíos aún no aprenden nada. Una vez más, la división y el odio interno son rampantes, tanto dentro como fuera de Israel. Los grupos judíos y antijudíos, se vuelven cada vez más estridentes y gritan con indignación que solo su camino es correcto, que los judíos con otros puntos de vista son ignorantes e inferiores. No se dan cuenta de que su afirmación, ante los ojos de las naciones que anhelan tan desesperadamente, no depende de su ideología, sino de su unidad, precisamente con los hermanos a los que odian.

Desde la perspectiva del mundo, nada ha cambiado. Aún tenemos la tarea de ser luz para las naciones, de dar ejemplo de unidad y aún se nos odia por mostrar lo contrario. Vasily Shulgin, un miembro de alto rango del Parlamento ruso antes de la revolución de 1917 y autoproclamado antisemita escribió en su libro Lo que no nos gusta de ellos …: “Los judíos en el siglo XX se volvieron muy inteligentes, efectivos y vigorosos para explotar las ideas de otros. Pero,” dice “esa no es ocupación para maestros y profetas, ni el rol de guías de ciegos ni el papel de portadores de cojos”.

En el fondo, cada judío se siente en deuda con el mundo. En el fondo, sentimos el llamado de nuestra vocación. Pero nunca estaremos a la altura de nuestra tarea si nos odiamos unos a otros. Lo haremos sólo si mostramos al mundo que por encima de nuestros grandes desacuerdos, que nos amamos como familia. Aunque no podemos estar de acuerdo en nada, formamos una unión que sea más fuerte que cualquier disputa. Nuestras divisiones son el vehículo con el que podemos mostrarle al mundo lo que es unidad, pero sólo si nos enfrentamos al desafío y nos unimos por encima. Si lo hacemos, el mundo verá que la unidad es posible, por muy profundo que sea el abismo entre las personas y las naciones. Si seguimos evitando la unidad, el mundo seguirá culpándonos de la división en el mundo y nos hará pagar por su sufrimiento.

No pases por alto el mensaje del 9 de Av

Mi nuevo articulo: «No pases por alto el mensaje del 9 de Av«

Este miércoles 29 de julio es el 9 del mes hebreo de Av. Ese día, ambos templos fueron arruinados y los judíos fueron exiliados de su tierra. En el primer exilio, fueron deportados a Babilonia de donde regresaron después de 70 años con la bendición del rey persa, Ciro el Grande, y una carta otorgándoles apoyo imperial para reubicarse en la tierra y reconstruir el Templo.

El período del segundo templo es más complicado que el primero. En medio de esto, los judíos comenzaron a luchar entre ellos, los judíos helenizados intentaban erradicar el judaísmo tradicional e instalar la cultura y la mitología griegas y los macabeos peleaban en contra, querían expulsar al helenismo y restaurar el judaísmo auténtico. En ese período, los judíos perdieron el control sobre el Templo, pero lo recuperaron cuando los Macabeos ganaron la guerra. Finalmente, las batallas internas y el odio entre las facciones judías destruyeron el país, devastaron Jerusalén y demolieron el Templo. Después, los judíos fueron exiliados por dos mil años.

Aunque los historiadores atribuyen ambos exilios a los conquistadores externos, los antiguos textos judíos atribuyen muy poca influencia a los factores externos, si es que las hay. En cambio, atribuyen los problemas del pueblo judío a su propia desunión.

Como si nunca hubiéramos aprendido

El pueblo judío ganó su nacionalidad cuando al pie del monte Sinaí, se unió “como un hombre con un corazón”. Según los antiguos escritos judíos, a los hebreos que salieron de Egipto se les dijo que si se unían, serían declarados nación. Si no lo hacían, el monte los cubriría como bóveda y se sería su lápida. Los judíos, según las fuentes, se unieron y se convirtieron en la nación judía o israelí. Pero en ese momento, también tenían la tarea de ser “luz para las naciones”, es decir, dar ejemplo de unidad al resto de las naciones.

La demanda de que los judíos sean modelo a seguir de la unidad es, desde entonces, el núcleo del odio al judío que emana de otras naciones y también de los judíos que se resistieron a la idea de unidad y quisieron seguir sus agendas individuales (más tarde para convertirse en helenistas). Hace dos mil años, el odio dentro del pueblo judío se volvió tan feroz que se encerraron dentro de su capital, Jerusalén (con la legión romana acampada fuera de los muros), se mataron unos a otros, quemaron depósitos de alimentos de los demás e hicieron que para el general Tito fuera mucho más fácil conquistar la ciudad y destruir el Templo.

El odio entre los judíos fue tan evidente y abominable, que negó al triunfante Tito la emoción de la victoria. Cuando la reina Helena le ofreció la corona de la victoria después de tomar Jerusalén, Tito se negó diciendo que no tenía ningún mérito vencer a un pueblo abandonado por su propio Dios.

El día en que los romanos entraron al Templo y sellaron la derrota judía, se convirtió en un día de luto. Pero no debemos llorar la destrucción de las paredes ni la ruptura del altar. En cambio, deberíamos llorar la ruina de nuestra unidad, nuestro amor fraterno, el abandono de nuestra tarea de unirnos como un hombre con un corazón y ser modelo a seguir para las naciones.

Cuando Hitler explicó en Mein Kampf, por qué su odio a los judíos, expuso su disgusto por la aversión que había entre ellos. “El judío sólo se une cuando un peligro común lo obliga o un botín común lo atrae; si faltan estos dos motivos, la cualidad del ego más grosero se surge en ellos”, escribió. Muchos otros antisemitas escribieron y hablaron de manera similar sobre el pueblo judío. No dedicarían tanta atención a su odio a los judíos, si no esperaran que ellos sintieran lo contrario hacia sus hermanos.

Hoy, casi un siglo después del surgimiento del líder más diabólico y genocida en la nación más avanzada, moderna y civilizada de la época, los judíos aún no aprenden nada. Una vez más, la división y el odio interno son rampantes, tanto dentro como fuera de Israel. Los grupos judíos y antijudíos, se vuelven cada vez más estridentes y gritan con indignación que solo su camino es correcto, que los judíos con otros puntos de vista son ignorantes e inferiores. No se dan cuenta de que su afirmación, ante los ojos de las naciones que anhelan tan desesperadamente, no depende de su ideología, sino de su unidad, precisamente con los hermanos a los que odian.

Desde la perspectiva del mundo, nada ha cambiado. Aún tenemos la tarea de ser luz para las naciones, de dar ejemplo de unidad y aún se nos odia por mostrar lo contrario. Vasily Shulgin, un miembro de alto rango del Parlamento ruso antes de la revolución de 1917 y autoproclamado antisemita escribió en su libro Lo que no nos gusta de ellos …: “Los judíos en el siglo XX se volvieron muy inteligentes, efectivos y vigorosos para explotar las ideas de otros. Pero,” dice “esa no es ocupación para maestros y profetas, ni el rol de guías de ciegos ni el papel de portadores de cojos”.

En el fondo, cada judío se siente en deuda con el mundo. En el fondo, sentimos el llamado de nuestra vocación. Pero nunca estaremos a la altura de nuestra tarea si nos odiamos unos a otros. Lo haremos sólo si mostramos al mundo que por encima de nuestros grandes desacuerdos, que nos amamos como familia. Aunque no podemos estar de acuerdo en nada, formamos una unión que sea más fuerte que cualquier disputa. Nuestras divisiones son el vehículo con el que podemos mostrarle al mundo lo que es unidad, pero sólo si nos enfrentamos al desafío y nos unimos por encima. Si lo hacemos, el mundo verá que la unidad es posible, por muy profundo que sea el abismo entre las personas y las naciones. Si seguimos evitando la unidad, el mundo seguirá culpándonos de la división en el mundo y nos hará pagar por su sufrimiento.