Todo el trabajo sobre el deseo lo realiza la luz, el Creador: ¿Cómo determinar la dirección de los propios deseos?

El propósito de la creación es llevar a la persona a un estado de bondad absoluta y dicha eterna. Este es, sin lugar a dudas, el grado del Creador. Para alcanzar tal estado, la persona debe, ante todo, desearlo.

 

Pero para poder desearlo, mientras aún se encuentra en el estado opuesto, debe ir revelando poco a poco esa misma oposición en su interior, sentir cada vez más profundamente lo malo que es y lo bueno que es albergar un deseo de espiritualidad.

 

Todo el trabajo sobre el deseo lo realiza la luz, el Creador, y no la propia persona. Por lo tanto, lo único que tiene que hacer es revelar cada vez su verdadero estado, aquel en el que se encuentra en ese momento, y desde ahí esforzarse por alcanzar el siguiente estado y acercarse un grado más al Creador.

 

Lo único que se le pide a una persona es que determine la dirección de su deseo, el objetivo de su aspiración. A esto es a lo que se llama intención (Kavaná). La palabra «Kavaná» proviene del hebreo «Lechaven» (dirigir), es decir, determinar la dirección en la que quiero avanzar.

 

¿Qué significa preguntar: «¿Cuál es tu intención?» Significa: ¿Hacia dónde te esfuerzas por avanzar? ¿Qué quieres conseguir? ¿Cuál es tu meta? Una persona solo tiene que determinar esto. De todo lo demás se encarga el Creador.

 

La Luz corrige los Kelim. Si es necesario, primero los corrompe, luego los corrige, los llena y los vacía. A través de su expansión y su salida, la Luz construye el Kli. La luz lo hace todo.

 

El Kli, sin embargo, posee una especie de punto de conciencia que le permite determinar y discernir el estado en el que existe, reconocer el mal de su condición actual y el estado que desea alcanzar: cuál es su dirección, cuál es su intención; en otras palabras, cuál es el siguiente lugar deseado..

 

Acciones que provocan la Luz circundante 

 

El lugar deseado     La influencia de la luz Circundante

 

Pregunta:

¿Cómo puedo aferrarme a la idea de que «No hay nada más que Él» cuando estoy inmerso en diversas actividades que me distraen y me confunden, ya sea provocándome placer o sufrimiento?

Respuesta:

En primer lugar, hay que creer que todas estas cosas me son concedidas para que, a través de ellas, llegue poco a poco a la conclusión de que «No hay nada más que Él». Ese debe ser el objetivo.

 

Deberías ponerte recordatorios, crear un sistema y establecer marcos estrictos, de modo que todo ello te impulse cada 15 o 30 minutos a volver al mismo estado. Todo debería recordarte de forma automática al Creador. A partir de ahí, ya podrás trabajar de forma autónoma.

 

Naturalmente, al principio esto no tiene ningún sabor, pero con el tiempo va apareciendo. A través de estas acciones, que parecen «no aportar ningún beneficio», atraes la Luz circundante, y esta te influye de manera general, de modo que recuerdas y te mantienes constantemente en esta conciencia.

 

Gradualmente, llegas a un estado en el que sientes que, al menos, ya no te encuentras en un doble ocultamiento, sino en un ocultamiento simple y único, en el que el Creador está constantemente presente en segundo plano, aunque sientes que está oculto.

 

Con mi maestro, Rabash, se percibía que nunca estaba desconectado del Creador, y eso causaba una impresión muy profunda.

 

El entorno adecuado para el desarrollo del alma 

Pregunta:

¿Qué criterio podemos utilizar para comprobar constantemente si nos encontramos en el entorno adecuado?

Respuesta:

El entorno adecuado es aquel que orienta los pensamientos y deseos de una persona para que se conecte con el Creador con la máxima fuerza.

 

El entorno adecuado está formado por todas mis cualidades internas relacionadas con mi punto en el corazón, que me conecta con el Creador. Todo lo demás en mí debe contribuir a este punto de conexión con el Creador.

 

Conectar con el creador     Crear el entorno adecuado

 

Mis propiedades, deseos y aspiraciones se denominan mi entorno. Mi “yo”, al que en mí se llama “Moisés”, es decir, el punto donde comienza la formación del alma, solo puede crecer en el entorno adecuado.

 

Rabash escribe que debe haber un estado inicial, etapas de desarrollo de este estado, el entorno y etapas de desarrollo de este entorno. Si todo esto concurre en favor de la conexión con el Creador, se crean las condiciones óptimas para el desarrollo del alma.

 

Tengo que comprobar en cuáles de estos cuatro parámetros puedo influir y en cuáles no. Es una lástima perder el tiempo, pues este es nuestro trabajo. Hay mucha gente que malgasta su aliento, incapaz de ver que sus afanes son vanos. Por supuesto, lo comprenderán con el tiempo, pero es una pena esforzarse solo para darse cuenta de los errores.

 

La única oportunidad de libre albedrío ante el Creador 

Cuando el Creador se nos revela, nos encontramos, por así decirlo, en un estado de bondad y somos capaces de justificarlo. Pero cuando no se revela, nos hallamos en un estado de maldad y lo maldecimos. ¿Qué significa maldecirlo? Maldecimos el estado en el que nos encontramos.

 

Entonces, ¿qué depende de nosotros? El ritmo de nuestro avance. Además, la dirección que elegimos también depende de nosotros y, en última instancia, esto se expresa en el ritmo de nuestro avance.

 

Se dice: el Creador coloca la mano de la persona sobre la buena fortuna y le dice: «Elige esto para ti». Supongamos que la persona no desea elegir lo que se le ha mostrado. Se le ofreció la oportunidad de venir a estudiar, pero no se lo tomó en serio. Además, todavía es joven, ni siquiera está casado. «Ya me ocuparé de eso cuando tenga al menos 30 años».

 

En otras palabras, la persona no se fortaleció en la elección que el Creador le había dado. Como resultado, se perdieron varios años. Esto es lo que significa que la persona elige el ritmo de su avance: o bien se fortalece en la dirección que se le ha mostrado, o bien elige otra dirección.

 

Uno podría preguntar: «¿Pero está esto realmente en sus manos? ¿Acaso no está todo bajo el gobierno del Creador?». Se podría decir eso de cualquier cosa. Pero aquí la cuestión es si la persona aprovechó o no la oportunidad que se le brindó.

 

Los cabalistas dicen —y esto nos está oculto— que a lo largo de tu vida existes en un estado de aparente libertad. Sin embargo, sabe esto: solo hay una cosa en la que eres verdaderamente libre: el propósito de la creación, tu conexión con el Creador.

 

El libre albedrío existe únicamente al aprovechar la oportunidad de conectar con el Creador. El Creador te llama: «Acércate a Mí»; si no lo haces, esa es tu elección. En todo lo demás —ya sea comer helado o mascar chicle, ver fútbol o irse a dormir— no hay diferencia alguna. Tampoco importa quién soy: un criminal, un ladrón o una persona recta. En todas estas cosas, no elegimos nada. 

 

Solo existe un punto de libre elección: si deseas una conexión con el Creador o no.

 

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