Para alcanzar esta meta, debemos entender la barrera principal: No eres capaz de dirigirte al Creador con las fuerzas que posees actualmente. El Creador te da un despertar inicial, pero solo con eso no puedes ver toda la profundidad del problema ni apreciar la grandeza del Creador en su solución. Aún no tienes suficientes discernimientos internos para dirigirte a Él.
Supongamos que hay un hombre rico que podría resolver todos tus problemas, pero no te atreves a pedírselo porque estás bajo el control de tu orgullo. Pase lo que pase, eres incapaz de acudir directamente a él en busca de ayuda. Sientes tanta vergüenza que tendrías que superarte a ti mismo por completo, pero no eres capaz de hacerlo.
Así es la naturaleza humana. Una persona está dispuesta a morir antes que permitir que se dañe su «yo» interior. Este «yo» es una parte de lo eterno; es su alma, y por ella está dispuesta a sacrificar su cuerpo. Para muchas personas, este «yo» interior es mucho más importante que la vida misma.
Por ejemplo, puede haber alguien que me daría un millón de dólares si simplemente se lo pidiera, y sin embargo soy incapaz de hacerlo. O puede haber alguien que podría ayudarme a encauzar mi vida, pero no me atrevo a acudir a él. Nos encontramos con esto constantemente. Revela la fuerza de nuestro orgullo, la fuerza de nuestro «yo» interior; esa misma fuerza que nos separa del Creador.