La responsabilidad colectiva en el sistema de Adam HaRishón
Pregunta:
¿Por qué nuestro grupo, que se esfuerza enormemente en el estudio y en todo lo posible, aún no alcanza el nivel que, aparentemente, corresponde a sus esfuerzos?
Respuesta:
Lo veo de una manera completamente diferente.
Existimos dentro de un sistema llamado el alma de Adam HaRishón. Somos parte de esta alma colectiva, unidos en todos los países por un objetivo común: guiar a muchas personas, si no a todas, hacia adelante. No tenemos derecho a centrarnos únicamente en nosotros mismos.
Si mi tarea actual es guiar a varios millones de personas, entonces, hasta que no tenga la fuerza para hacerlo, por estar conectado con ellas, no podré avanzar ni un milímetro. Por lo tanto, no se debe comprobar si he avanzado. Ese milímetro de progreso llegará solo cuando tenga la fuerza para guiar a todos esos millones de personas, hasta la última persona. Entonces avanzaré.
Por ahora, se debe medir el progreso por la fuerza que he adquirido para guiar a más personas, y luego a muchas más. Y aunque aún no he avanzado ni un milímetro, estoy acumulando fuerza constantemente. Esos millones están empezando a despertar; están adquiriendo la capacidad de moverse.
Si dices: «¿Dónde está el progreso? ¡Mira cuánto esfuerzo he invertido!», estás abordando esto con una perspectiva equivocada. En efecto, no he avanzado, pero lo que he invertido permanece dentro de mí. Ya he adquirido estas fuerzas, están en mi interior.
Así, hay una gran cantidad de almas listas para unirse a mí, y se están uniendo, todo esto es el resultado. Simplemente no quieres verlo, te fijas en que todavía no hay un progreso visible; correcto, no diría que lo hay.
Lo hay, pero es extremadamente sutil, y por supuesto, no corresponde al nivel que podríamos alcanzar si actuáramos solos. Pero ¿qué se puede hacer? No calculo cómo avanzaría si estuviera solo. No depende de mí, y no es mi función.
¿Debería simplemente retirarme a comulgar con el Creador, y ya está? Una persona no elige el tiempo ni el estado en que existe ni las acciones que debe realizar.
De hecho, vemos que esto es precisamente lo que está sucediendo: cada día, decenas, sino cientos, de personas en todo el mundo se unen a nosotros. El mundo avanza hacia un estado en el que pronto veremos la postura colectiva que la gente adopta y la actitud ante la vida que abraza; todo se hará evidente. En pocos años, verás cómo todos ya te comprenden, incluso sin que hayas hecho nada para ello. Claro que no es que no hayas hecho nada; estás invirtiendo tus esfuerzos hoy, y de alguna manera, llegan a ellos. Este es el resultado tangible de nuestros esfuerzos.
Así pues, no intento evaluar nuestro progreso examinando algún sector minúsculo y aislado, es imposible medirlo de esa manera; por otro lado, debemos ser conscientes de ello, no debemos caer en la desesperación por el hecho de que, aparentemente, estemos estancados. No estamos estancados. El hecho de que sigamos publicando libros, produciendo películas, impartiendo clases y conferencias, y organizando más grupos, todo esto está teniendo un efecto.
Sin embargo, no podemos medir el nivel espiritual que nos está destinado, porque hasta que no hayamos guiado a un número determinado de personas de la comunidad global, hasta que no hayamos reunido una masa crítica, no podremos ascender a ese plano Superior.
La actitud hacia el grupo como motor de cambio
Pregunta:
¿Qué significa trabajar en grupo en diferentes estados?
Respuesta:
Debo ver al grupo en el estado en el que yo mismo quiero estar. Debo guiarlo hacia ese estado, y entonces recibiré ese mismo estado de él.
Si fuéramos socios y yo me asegurara de que todos se enriquecieran, yo también me enriquecería. Hay una condición, si solo piensas en ti mismo, no te enriquecerás, pero si piensas en tus socios, sí, porque de esta manera adquieres sus Kelim, su riqueza, su patrimonio. Y con esto entras en la espiritualidad.
Pregunta:
¿A qué ritmo podemos impulsar artificialmente el progreso del grupo?
Respuesta:
Todo lo que hacemos en contra de nuestro deseo nos parece artificial, pero no son acciones artificiales. Así debe ser.
Pregunta
¿Con qué frecuencia debo inspirar a los compañeros?
Respuesta:
Constantemente, sin interrupción. No debes descansar hasta que todo el grupo esté inspirado.
Pregunta:
¿Con qué acciones puedo incluir a un amigo dentro de mi y unirme a él?
Respuesta:
Son acciones muy sencillas, trata al grupo como te gustaría que te trataran a ti. Una sola frase. Observa la sencillez de mis palabras, como si se las explicara a niños.
Si alguien de la calle nos oyera, se sorprendería de nuestra conversación. Escucha la grabación de la lección de nuevo y verás que, sin contenido profundo, da la impresión de que estamos en un jardín de infancia. No hagas a los demás lo que no es bueno para ti; hazles lo que deseas para ti (se trata de aplicar el principio de amor al prójimo en el trabajo en el grupo espiritual).
La fuerza oculta del grupo y el avance espiritual
Pregunta
¿Existe alguna diferencia entre el concepto general de fe y la fe por encima de la razón?
Respuesta:
Es muy difícil explicar el concepto de «por encima de la razón» ante el Majsom. Pero durante el periodo de preparación, se puede explicar de la siguiente manera: una persona no se limita a estar presente en el grupo, sino que debe esforzarse, anularse ante los amigos y aceptar lo que existe en el grupo por encima de la razón.
Esto significa que quiere dejarse influir por sus amigos. En otras palabras, empieza a convencerse a sí mismo de que lo que oye de ellos es correcto. Esto es, sin duda, un «lavado de cerebro». Rabash escribe que el hábito se convierte en una segunda naturaleza.
Lo diré de otra manera. Formamos parte de un grupo en el que hay algo revelado y algo oculto. Las fuerzas ocultas, desconocidas para nosotros, son quienes realmente somos; esto ya es una fuerza espiritual. Y la fuerza que se nos revela es lo que vemos como una muestra de lo imperfectos que aún somos.
Por este motivo, para una persona que forma parte de un grupo y que se rebaja ante él, no importa en qué nivel se encuentren sus compañeros. Al convencerse a sí misma de que es «pequeña», recibe la influencia de la fuerza oculta presente en el grupo. Puede que el grupo en su conjunto no se encuentre en un alto nivel de espiritualidad, pero a través de él, recibe fuerzas de su raíz espiritual que ellos mismos aún no han recibido.
Resulta que un grupo puede estar formado por veinte personas, ninguna de las cuales es especialmente especial. Pero, de repente, una de ellas decide que quiere estar al 100% bajo su influencia. Entonces se ve influida por la fuerza espiritual interna del grupo, e incluso por cosas cuya existencia los demás ni siquiera sospechan, ni saben de dónde provienen.
En otras palabras, no creas que si alguien se rebaja ante el grupo, recibirá lo mismo que los demás o será corregido en la misma medida que los demás. No, será mucho más que eso.
Puede alcanzar la espiritualidad aprovechando la fuerza del grupo, aunque todo el grupo se encuentre todavía en la corporalidad. En esencia, una cosa no está relacionada con la otra, ya que lo que les corresponde a ellos viene en función de su trabajo personal, mientras que lo que le corresponde a él viene en función de su trabajo personal. Por lo tanto, digamos que para mi avance personal no es importante lo que les esté pasando a vosotros. Como dice el refrán: «He aprendido de todos mis alumnos». Los alumnos pueden ser pequeños, pero a través de ellos es posible adquirir una sabiduría inmensa.
El poder de la fe en el grupo durante la preparación espiritual
Pregunta:
¿En qué consiste la fe en el trabajo espiritual durante el periodo de preparación?
Respuesta:
No estamos hablando de la gente corriente, de las masas. La sociedad de la que puedo recibir influencia es nuestro grupo.
¿Qué es la fe ante el Majsom para nosotros? Rabash escribe en sus artículos que, ante el Majsom, existe la fe en los libros y en quienes los escribieron, los sabios. Estas cosas llegan a una persona únicamente a través de un grupo. Es decir, el «lavado de cerebro» del grupo crea en mí un conocimiento que en realidad no alcanzo, pero, dado que una fuerza externa me controla, me lo presenta como un hecho.
Lo vemos en las masas, en el exterior, y también deberíamos aprovecharlo aquí, en el interior. Es decir, si decidimos hablar de Baal HaSulam, Rabash, El ARI y Rashbi como personas que son nuestros maestros, que nos guían hacia adelante, y que lo que dijeron es sagrado para nosotros y está por encima de todo lo demás, entonces el grupo debería «lavarme el cerebro» con esto, de modo que el poder que obtengo de ello se llama fe.
Yo mismo aún no he llegado a esto con mis cinco sentidos de tal manera que se convierta en una realidad para mí. No he llegado al final de mi proceso de corrección, en el que pueda decir que todo es para bien y que el Creador solo hace el bien. Todo esto no es más que palabras para mí.
Pero como formo parte de un grupo, lo recibo de ellos de una forma que, para mí, convierte las palabras en hechos. El poder que lo convierte en hechos se llama fe. Por eso, en lugar del conocimiento, en lugar del logro, utilizo el poder de la fe.
Supongamos que tengo delante un vaso de té y estoy dispuesto a pagar diez shekels por él. Del mismo modo, gracias al poder de la fe, puedo estar dispuesto a pagar diez shekels por algo que no veo ni conozco. Por ejemplo, me dicen que me tome un vaso de cerveza, pero yo no sé nada de cerveza; me dicen que está muy buena y yo les creo, así que pagaré diez shekels por ella.
Creo tanto en ello que daría un millón, daría toda mi vida solo por conseguirlo. Todo depende de la fuerza de la fe por encima de la razón que recibo del grupo. Es decir, la fe es en lugar del conocimiento.
Cuando estoy por debajo de Majsom, no tengo ninguna otra fuerza que me permita alcanzar la meta. Aunque no siento esa meta, ni la veo ni la oigo, solo el poder de la fe que recibo de mis amigos puede ayudarme. Nada más puede servirme como catalizador.
La barrera espiritual El Majsom. Conceptos básicos de Cabalá

