Transformar los placeres materiales en espirituales es posible si piensas en qué hacer con el placer que recibes. Supón que experimentas algún placer. Primero, piensa de quién, por qué y con qué propósito.
De esta manera, puedes dirigirlo de alguna manera, enfocarlo en algo y entonces entenderás qué estás haciendo con ese placer. No se trata del placer en sí, sino de cómo lo utilizamos.