El Creador creó sólo una cosa: algo que no existe en Él y que aparentemente puede existir fuera de Su esencia.
Este algo se llama creación; es el deseo de recibir y ser llenado, y es opuesto al Creador. Este es nuestro embrión llamado «Adám», que deriva de la palabra hebrea edamé (אֶדָּמֶה) «como el Creador», que es similar a Él en cuanto a que proviene del Creador. Es opuesto a Él en propiedades, pero similar en expresión.
Adam es la propiedad de recibir que existe solo como un otorgante. El Creador creó el deseo de recibir, pero este deseo se manifiesta como algo completamente anulado en relación con el Creador: un embrión, un punto de Biná en la luz Superior.
Y luego se dividió en muchas partes y cada partícula de esta propiedad Biná se volvió opuesta al Creador y a la luz que la creó.
A medida que la propiedad de otorgamiento se divide, se distancia del Creador, ya que muchas propiedades diferentes que son similares al Creador en su forma original, comienzan a separarse en su similitud y difieren entre sí. Todos quieren dar al Creador como Él quiere darles, pero todos son diferentes de los demás.
Es así como surgen las llamadas 600,000 partes básicas. El sistema llamado Zeir Anpín consta de seis Sefirot, cada una de las cuales tiene otras 10 Sefirot en su interior (total 60), y el poder de ascenso de Zeir Anpín a Kéter del mundo de Atzilut es de 10,000. Por eso se considera que existen 600,000 almas.
En Cabalá no existe el concepto de partes. La espiritualidad no se divide en partes, sino que las diferencias se establecen entre distintas fuerzas o potencias; por eso, cuando decimos que el alma se dividió en 600,000 partes, no nos referimos a algo cuantitativo, sino cualitativo, es decir, al nivel de ese objeto espiritual que el Creador creó en «Kéter del mundo de Atzilut». Es a este estado al que debemos llegar en nuestra corrección.
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