No nos corresponde juzgarnos como fuertes o débiles, valientes o cobardes, sabios o tontos. Debemos esforzarnos al máximo en el proceso de desarrollo de acuerdo con nuestras inclinaciones y nuestra naturaleza interior.
Está escrito: “La plegaria de cada boca”. Esto significa que el Creador escucha la oración de cada persona. En otras palabras, no importa quiénes somos o lo que sentimos; cada uno de nosotros, con nuestros propios sentimientos, e incluso más profundamente, en nuestro corazón, oramos al Creador. Esta deficiencia influye en nuestra actitud hacia el Creador y en la actitud del Creador hacia nosotros.
En el corazón hay una capa superior y externa a través de la cual sentimos nuestros deseos y a través de la cual podemos dirigirnos al Creador. Por ejemplo, podríamos querer apelar al Creador con un deseo específico que pertenece al trabajo espiritual, que está dirigido al propósito de la creación. Tal deseo, aunque externo y fingido, ya que lo hemos despertado, es recibido arriba. Sin embargo, en la medida en que es externo para nosotros, también es externo arriba.
Si profundizamos y examinamos nuestro deseo más íntimo, evaluando lo que nuestro corazón quiere, tal vez descubramos que no anhela el objeto de nuestra plegaria. Tal vez descubramos que en realidad deseamos descansar o algún pequeño placer en lugar de recorrer el camino hacia el propósito de la creación y aspirar a asuntos elevados. Ese sentimiento también es parte de la plegaria. Cuanto más expongamos nuestro deseo más íntimo, más lo recibiremos en lo alto.
En el corazón hay un deseo interior aún más profundo que está más allá del nivel de nuestra conciencia y de nuestra sensación. Está completamente oculto para nosotros. Pero como es el deseo más íntimo, más verdadero y más profundo, es recibido en lo alto con todo su poder y fuerza. Cuando una respuesta a esta plegaria, a este deseo oculto, viene de arriba, rara vez se comprende.
Cada uno de nosotros existe en cada momento en un estado que resulta del sentimiento de su corazón, que surge de su plegaria. Sin embargo, no sabemos cómo conectar las plegarias internas, medias y externas del corazón con la respuesta del Creador, ya que no somos conscientes del deseo más profundo de nuestro corazón.
Si fuéramos conscientes de este deseo y lo sintiéramos, incluso desde nuestro estado actual, basándonos en nuestras cualidades y sentimientos actuales, comprenderíamos hasta qué punto nos desviamos de lo que deberíamos sentir para avanzar hacia el propósito de la creación. Si sintiéramos esta desviación, sabríamos qué corrección específica debe hacerse desde arriba y entonces comprenderíamos los estados espirituales que el Creador nos envía para que seamos corregidos. Sin embargo, por ahora, tales estados están ocultos para nosotros.
Sin embargo, en todo momento y en todo estado, elevamos una plegaria, MAN y recibimos a cambio MAD. En otras palabras, lo que surge de nuestro corazón es recibido arriba en el sistema general, que también contiene el mecanismo que opera sobre nosotros. La respuesta regresa a nosotros, lo que es esencialmente una corrección de dirección. Es nuestro siguiente estado espiritual, que está alineado con la raíz de nuestra alma y el propósito que necesitamos alcanzar.
Antes de dedicarnos a la espiritualidad, nos faltaba la comprensión y la sensación de que este mecanismo funciona de esa manera. Sin embargo, cuando entramos en la espiritualidad, empezamos a verlo con claridad y a trabajar de cerca con MAN y MAD. Formamos una relación recíproca con el Creador, que nos conecta con Él y que dicta cada una de nuestras acciones y el curso de nuestra vida. Esto se llama “medio Shekel”. La mitad del trabajo lo da la persona y la otra mitad el Creador.
Baal HaSulam nos ofrece el ejemplo de los agricultores del Neguev que son conscientes de la plegaria que elevan. Sin embargo, su pedido de lluvia es recibido arriba y ellos reciben la respuesta abajo. Cada capa de nuestro corazón (la interna, la media y la externa) se eleva hacia arriba y es sentida y recibida por el mecanismo responsable de llevar a cada ser creado a su corrección y raíz. En consecuencia, corregimos el corazón, que es nuestro deseo, a través de diversas condiciones externas que continuamente corrigen nuestra dirección hacia el propósito de la creación.
Cuanto más se dirija el deseo interior hacia el propósito de la creación, más delicada será la corrección de la dirección. Es decir, será una corrección pequeña y suave, sentida como un toque suave y orientador, como una madre que sostiene tiernamente a su hijo mientras aprende a caminar. Cuanto mayor sea la desviación entre el contenido del corazón y el sentimiento de nuestro estado actual hacia el propósito de la creación, más significativa será la corrección y más doloroso el esfuerzo por salvar la brecha entre el estado actual y el deseado. Sentimos entonces la fuerza que nos guía hacia el bien de una manera más severa, porque las condiciones ambientales en las que nos encontramos se vuelven más desafiantes.
Este mecanismo de MAN y MAD desde las almas hacia Maljut de Atzilut y la influencia del retorno sobre las almas es un mecanismo simple que estudiamos en el libro El estudio de las Diez Sefirot.

