La compasión concilia los opuestos

Comentario:

La empatía es la capacidad de sentir emociones que corresponden a las emociones de otra persona y la compasión es la solidaridad con el sufrimiento de otra persona.

Mi Respuesta:

Es como si te trasladaras al interior de otra persona y sintieras sus experiencias.

Pregunta:

¿Cómo podemos cultivar esto en nuestro interior? Entiendo que si cultivamos este sentimiento, viviríamos de otra manera.

Respuesta:

Sí, educaríamos a la gente como corresponde. Creo que es posible, simplemente no nos dedicamos a esto; en general, entre los 13 y los 14 años, las personas ya son capaces de comprender profundamente el sufrimiento ajeno y necesitan ser educadas para ello.

Comentario:

Esto cambiaría el mundo absoluta y completamente.

Mi respuesta:

Por supuesto, sin duda.

Pregunta:

¿La compasión puede cultivarse en una persona?

Respuesta:

Se puede cultivar la comprensión de la compasión en una persona y darle a esa persona la capacidad de entender cómo percibirla, hasta el punto en que, en su compasión, la persona sea capaz de compartir el sufrimiento del otro, tomarlo parcialmente sobre sí y de ese modo neutralizarlo en el otro.

Pregunta:

¿Y no te cansarás al hacer eso?

Respuesta:

No, porque al neutralizar su sufrimiento mediante tu participación, tu empatía y tu compasión, gradualmente lo divides en muchas partes más pequeñas, y así, la persona se calma. Y al hacerlo, puedes guiar al mundo entero hacia el equilibrio, hacia un estado interior que ya puede llamarse dicha.

Pregunta:

Si la compasión fuera compartida equitativamente entre todos los habitantes de la Tierra, ¿traería felicidad al mundo?

Respuesta:

Sí, esto es precisamente lo que debemos lograr en nuestra unidad. Porque, en principio, sin duda nos enfrentaremos a serios problemas. Después de todo, el egoísmo está creciendo y la luz Superior se revela cada vez más en relación con él; es decir, en relación con nuestro egoísmo, sentiremos presiones cada vez mayores, hasta tal punto que si no podemos unirnos y compartirlo todo entre nosotros, no podremos soportarlo.}

 

El vacío absoluto entre todos      Compasión indiferente

 

Pregunta:

Ahora entiendo la esencia de lo que siempre dice: «Unidad, conexión, buenos pensamientos y buenas relaciones». La base de todo esto es la compasión, ¿no es así?

Respuesta:

Sí, pero prácticamente ni siquiera es compasión. Es compartir el enorme sufrimiento: la oposición entre el enorme deseo y la enorme luz que debe colmar ese deseo, la falta de intención «no para uno mismo», que permitiría que la Luz colmara el deseo.

Pregunta:

¿La plenitud solo es posible si es por el bien de los demás?

Respuesta:

Sí, por eso necesitamos equilibrio. Solo se puede lograr entendiendo cómo aprender a ser compasivo, cómo compartir la oposición entre la plenitud y el vacío absolutos entre todos.

 

Naturalmente, no resultará ni mejor ni peor. Pero si queremos compartirlo así, la contradicción misma desaparece. Esta es la propiedad especial de la unidad.

Pregunta:

¿Viene esta dicha?

Respuesta:

Sí, en ese momento, la sensación de oposición, imposibilidad y llanto interior se transforma en saciedad, en algo superior, en placer. Ya no hay diferencia entre un dolor inmenso y un placer inmenso, se funden en uno.

Pregunta:

¿En este caso, en qué se convierte el dolor?

Respuesta:

Se convierte en placer porque los has equilibrado uno con el otro.

Comentario:

Eso es algo verdaderamente elevado.

Mi respuesta:

Así es como sucede, en un nivel superior.

Pregunta:

¿El dolor se nos da para convertirlo en placer?

Respuesta:

 Sí, por supuesto.

Pregunta:

¿Y el mayor dolor al final se convierte en el mayor placer?

Respuesta:

Sí, si sabes conciliar estos opuestos, obtienes placer.

 

El humilde y modesto amo del mundo

 

“Donde se encuentra Su grandeza, allí se encuentra Su humildad” (Shamati

 

47). Estamos dominados por el deseo egoísta que prioriza el placer que puede recibir y no puede percibir lo que ocurre en el interior de otra persona, esta cualidad se llama orgullo. No es un defecto, es una cualidad que nos fue dada desde arriba.

 

Si una persona tiene un deseo egoísta fuerte y desarrollado, no siente a los demás. Cuanto más fuerte es su propio deseo, más se encierra en percibir para sí misma.

Una persona no puede sentir a otro, solo considera qué pérdida o ganancia puede obtener de él.

 

Para sentir lo que sucede en el interior de otro, uno debe salir de sí mismo y estar en el mundo espiritual. No es de extrañar que todos nos sintamos distanciados unos de otros, en nuestro mundo, llamamos a esta característica orgullo.

Pero el verdadero orgullo existe en el mundo espiritual, donde despierta en la persona en relación con el Creador.

 

Cuando una persona comienza a corregirse, se despierta en ella un deseo especial de recibir que la impulsa a ignorar al Creador, a sentirse superior a Él y a esforzarse por gobernarse a sí misma. Este deseo se manifiesta de diversas formas, contra las cuales la persona recibe diez golpes conocidos como las plagas de Egipto.

 

No puede rebajar ni humillar su orgullo por sí solo, requiere ayuda especial de lo alto. Cuanto más se humilla uno, revela la grandeza del Creador en ese lugar y más descubre cuán humilde es el Creador.

 

La humildad es símbolo de perfección. Quien siente alguna carencia y desea llenarse, sentirse poderoso, exige honor, poder y reconocimiento por encima de los demás. Pero si una persona está corregida, es el grado de Biná, solo desea otorgar (Hafetz Jésed). No necesita nada y, por lo tanto, no se evalúa en absoluto en relación con los demás.

 

Por el contrario, si uno se siente en perfección, desea transmitir esta maravillosa sensación a todos. Al fin y al cabo, hacer el bien es propio de la naturaleza de la buena fuerza y ese mismo deseo de hacer el bien surge en las criaturas cuando adquieren una naturaleza bondadosa.

 

Esto es lo que nos sucede si logramos revelar la grandeza del Creador, y depende de nosotros, pues el Creador no cambia; solo nosotros cambiamos para poder verlo como grande. Y entonces revelamos en nuestras sensaciones que Él es humilde, porque nosotros mismos nos hemos vuelto iguales. Percibimos todo dentro de nuestras propias cualidades.

 

Si descubrimos que el Creador es grande, significa que nosotros mismos nos hemos vuelto grandes. Y si revelamos que el Creador es humilde, es señal de que nos hemos vuelto humildes. Así funciona la ley de equivalencia de forma y cómo avanzamos hacia el conocimiento del Creador.

 

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