Todas las formas que precedieron a la aparición del hombre se ocultan en nuestro interior. En el proceso de la evolución, la materia pasó por las etapas inanimada, vegetal, animada y humana.
En cada etapa había también cuatro fases de desarrollo: cuatro en el reino inanimado, cuatro en el vegetal, cuatro en el animado y cuatro en el humano.
Es decir, desde el inicio del nivel inanimado hasta el final del nivel humano, hay que recorrer dieciséis etapas distintas antes de que el ser humano surja finalmente del simio. Hace miles de años, la Cabalá afirmaba que el hombre había surgido como resultado de la evolución del simio.
La naturaleza evolucionó de lo inanimado a lo vegetal a través de una forma intermedia, los corales; de lo vegetal a lo animado a través de una forma híbrida entre vegetal y animal conocida como «Kelev Sade» (perro de campo); y de lo animado al ser humano a través del simio.
Por nuestra parte, debemos seguir creciendo como seres humanos hasta alcanzar la etapa de desarrollo del ser humano espiritual, aquel que comienza a preguntarse acerca de su raíz y su propósito último.
En otras palabras, experimentaremos un profundo desarrollo interno, sensorial e intelectual que nos permitirá superar nuestra naturaleza animal innata y empezar a plantearnos preguntas que ya no pertenecen al ámbito animal: «¿Quiénes somos? ¿Quién nos creó?». Las personas que se plantean estas cuestiones inician su desarrollo espiritual y recurren a la ciencia de la Cabalá.
Si una especie concreta se extingue en el transcurso de la evolución, no desaparece realmente, sino que simplemente se despoja de su forma externa y se transforma en la siguiente. Esto implica que somos los mismos dinosaurios, solo que ahora con forma humana.
Esa misma forma siguió evolucionando y desarrollándose, de manera muy similar a las ilustraciones clásicas de la teoría de la evolución de Darwin, en las que al simio le sigue una figura que empuña un palo y que, poco a poco, se transforma en el ser humano moderno.
Esto significa que todo tipo de seres vivos que han evolucionado en el pasado y siguen evolucionando están, en última instancia, destinados a dar lugar al surgimiento de una persona que se preguntará: «¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí?».
Querrá descubrir su raíz y lo revelará utilizando el método de la Cabalá; es decir, se volverá semejante al Creador. En consecuencia, se le llamará «Adam», un nombre derivado de la palabra hebrea «Edomé», «similar al Creador». Se volverá tan similar al Creador que alcanzarán un estado de adhesión, una correspondencia completa entre ellos, como dos partes de un mismo todo.
¡Curiosamente, el futuro existe! ¿Podemos aprender a ver el futuro?
Pregunta:
¿Significa eso que todos los seres vivos tienen algo en común?
Respuesta:
Lo que todos tenemos en común es que todos procedemos de la misma raíz, que se denomina «Creador». Es Él quien creó nuestra sustancia común, el deseo de disfrutar o «Creación». Posteriormente, estas creaciones comienzan a diferenciarse en niveles y especies que se distinguen por una multitud de atributos diversos.
Pregunta:
En los últimos doscientos años se ha iniciado un rápido proceso de extinción de especies. Si en los siglos pasados sólo desaparecían cincuenta especies al año, hoy en día desaparecen miles de especies diferentes cada año. ¿A qué se debe esto?
Respuesta:
Al parecer, estas especies no son necesarias en el proceso evolutivo para avanzar hacia las siguientes etapas. En este caso, estas especies no desaparecen por completo, sino que adoptan formas ocultas que nos resultan incomprensibles y contribuyen a la existencia de formas más avanzadas.
Consideremos, por ejemplo, al dinosaurio, que dejó de existir en la forma de dinosaurios, pero que siguen existiendo dentro de nosotros de otra forma, como fuerzas potenciales latentes. Sin ese potencial, no habríamos podido evolucionar hasta alcanzar el nivel de humanos.
Esto nos lleva a una conclusión muy importante sobre la actitud adecuada hacia la naturaleza. No hay necesidad de preservar a la fuerza las especies en peligro de extinción, ni de desarrollar a la fuerza aquellas especies que nos parecen más útiles.
Lo más importante es cuidar de la especie humana sin destruir nada de la naturaleza. En otras palabras, no se puede destruir nada, pero tampoco hay que ir en contra de la naturaleza y mantener artificialmente especies que desaparecen de ella de forma natural.
¿Hacia dónde nos lleva la evolución?
Pregunta:
¿Hacia dónde se dirigirá la evolución? Hay indicios de que se está invirtiendo y de que se está produciendo una degradación. Algunos creen que el ser humano ya ha alcanzado el límite de su evolución material y que seguirá desarrollándose principalmente en los ámbitos cultural y social. ¿Qué tipo de futuro nos espera?
Respuesta:
Es cierto; el desarrollo humano está pasando a un nuevo nivel, uno que trasciende los ámbitos fisiológico y material. Las fuerzas evolutivas que nos han llevado a nuestro estado actual nos han estado impulsando hacia formas cada vez más avanzadas.
Ahora nos encontramos en el umbral de una nueva forma avanzada que aún no podemos discernir. Implica la transición de una existencia definida por la sensación de la materia —es decir, el mundo inanimado, vegetativo, animado y humano en el que existimos actualmente— al mundo de las fuerzas.
Este es un mundo gobernado por una fuerza que controla nuestra percepción de la realidad. En este mundo, la materia como tal no existe en absoluto; solo hay una fuerza que nos presenta sus diversos niveles bajo esta apariencia específica. Nos parece como si observáramos materia inanimada, plantas, animales y personas, pero todo esto no son más que nuestras sensaciones de la fuerza universal de la naturaleza que dibuja sus diversos atributos dentro de nosotros.
«Descubre el diseño oculto» ¿Cómo está construido este mundo en el cual nací?
En realidad, no hay nada ante nosotros excepto esta fuerza que proyecta una “película” especial en nuestro interior. La percibimos a través de formas que nos ayudan a comprenderla. En esencia, solo existe una fuerza de entrega que afecta a la fuerza general de la creación, la fuerza de recepción.
La totalidad del desarrollo humano moderno —tecnológico, cultural, educativo y todo el miasma del mundo moderno— está diseñada precisamente para llevarnos a la sensación de que estamos actuando en un mundo de fuerzas, no de formas materiales.
Entenderemos y sentiremos que el mundo entero se está construyendo dentro de nosotros. Simplemente estamos captando algún tipo de «ondas», de manera muy similar a como una computadora capta una señal de Wi-Fi y construye a partir de ellas una imagen dentro de la cual existimos.
La humanidad está al borde de una transición trascendental hacia una nueva era. A lo largo de la historia ha habido muchas transiciones abruptas de una era a otra, pero nunca ha habido una tan revolucionaria como esta. Este salto está teniendo lugar dentro de nuestra percepción, dentro de una evolución por la que estamos pasando por nuestra propia elección consciente. Ya no somos solo un material en manos de un escultor; estamos participando activamente en nuestro propio desarrollo.
Esta nueva evolución por la que estamos destinados a pasar no puede realizarse sin nuestra participación activa. Depende totalmente de nosotros cuándo tendrá lugar esta transición. Y si no damos este paso por nosotros mismos, las fuerzas de la naturaleza nos obligarán a hacerlo, como una ampolla que ha madurado y está destinada a reventar.
Es por eso que actualmente sentimos una presión tan intensa por parte de la naturaleza que nos obliga a aceptar esta misión, a comprender y sentir dónde estamos y cuál debe ser nuestra forma futura que debemos realizar por nosotros mismos.
Un cambio de frecuencia La evolución continúa

