Sigue a Moisés con los ojos cerrados

¿Qué significa seguir a Moisés, si él está en un plano espiritual y el pueblo en el material? ¿Qué condición debe cumplirse para ello?

 

En primer lugar, debes imponer una restricción (Tzimtzum) a tus propios Kelim (vasijas). Como consecuencia, te conectas con todos los demás, específicamente con los millones de personas como tú que existen en tu mismo plano. Solo después de renunciar a tu egoísmo puedes conectar con Moisés. Antes de eso, no podrás hacerlo.

 

El éxodo de Egipto ocurre cuando te unes a Moisés, no en su elevado nivel, sino en el de la anulación del ego. Esto se llama el estado de nacimiento espiritual; es cuando basta con seguirlo con los ojos cerrados.

 

Moisés camina delante de todos con los ojos abiertos, apoyándose en su bastón. Sabe adónde ir y cómo guiar al pueblo. Y no es el único; también lo acompañan otros en el camino, como Najshón, el primero en saltar al mar, y otros.

 

Pero tu respeto hacia Moisés debe ser como el de un niño pequeño hacia un adulto; eso es suficiente. Un niño pequeño no sabe adónde lo lleva su padre. Le basta con tomar la mano de su padre para tener la certeza de que lo guiará a un buen lugar.

 

Para alcanzar el nivel de Moisés, es necesario cruzar el Majsom, entrar en la Tierra de Israel y pasar por muchas etapas más. Moisés se encuentra en un grado espiritual muy elevado; es el más grande entre los profetas.

 

Pero cuando estaba con todo el pueblo en Egipto, él mismo ya no se encontraba en el grado de «Egipto», sino en el de la «Tierra de Israel». Por eso no entró en la Tierra de Israel junto con todo el pueblo. Él ya estaba más allá de ese grado, por encima de él.

 

Asegúrate de que tus esfuerzos no sean en vano

 

Pregunta:

Resulta que es posible que una persona se esfuerce sin obtener ningún beneficio a cambio. Pero entonces, ¿cómo puedo asegurarme de que mis esfuerzos van por buen camino?

Respuesta:

En otras palabras, estás dispuesto a esforzarte, consciente de que sin esfuerzo no se consigue nada, y quieres asegurarte de que tus esfuerzos van por el buen camino.

 

Los esfuerzos deben dirigirse a construir un deseo espiritual, una vasija, para la revelación de la Luz. La Luz tiene la cualidad de otorgamiento; por lo tanto, también debo trabajar en mi egoísmo para superarlo y llevarme a la acción del otorgamiento, a la cualidad del otorgamiento, para acercarme de alguna manera a ella.

 

Cuando intento acercarme al otorgamiento me doy cuenta de que hay resistencia, tanto por mi parte como por parte de los demás. Veo que me olvido de ello, que en realidad no me esfuerzo por conseguirlo, que no es un deseo natural e innato en mí.

 

Entonces mis esfuerzos adquieren un carácter específico, de modo que no pierda de vista el objetivo espiritual y, constantemente, en el entorno adecuado, lo visualice ante mí. Intento influir en mis amigos desde el exterior; recurro a todo tipo de artimañas para mantenerme dentro del deseo común, para sentirlo, para inspirar a los demás desde fuera y desde dentro con mi pensamiento, con mi deseo.

 

Y si hago esos esfuerzos y veo que no tengo fuerzas y que nada me ayuda, entonces, sin quererlo, empiezo a pensar en el Creador. De por sí, eso no se me ocurre. Pero si he hecho los esfuerzos suficientes, al final recordaré que necesito ayuda desde arriba. Estoy dispuesto a pedirle: ¡que Él me ayude y me acompañe!

 

Esto se llama: «¡Ven al Faraón!». Estoy de acuerdo en que Él debería unirse a mí o yo a Él. Y luego vamos juntos a romper mi ego, ese ego que me impide conectar con los demás.

 

Así es como una persona empieza a trabajar y ,en el propio trabajo, ya se revela lo que hay que hacer a continuación. Pero la correctitud de los esfuerzos siempre se comprueba por el hecho de que estén orientados hacia el interior del grupo.

 

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