La raíz espiritual realizada en forma material

Pregunta:

Si el pueblo de Israel ya salió de Egipto una vez, ¿por qué debemos repetir esto ahora?

Respuesta:

En el proceso histórico de su desarrollo, el pueblo de Israel llevó a cabo el éxodo de Egipto hace unos 4,000 años; por lo tanto, no necesitamos volver a pasar por esto ahora en el plano material.

 

No necesitamos viajar a Ur de los caldeos y luego trasladarnos a Israel, descender de Israel a Egipto, regresar de allí a la Tierra de Israel nuevamente, construir el Primer y el Segundo Templo, y pasar por todo este proceso una vez más.

 

Los cuerpos materiales en encarnaciones pasadas hicieron lo que se les exigía cumplir en el nivel de las raíces espirituales; lo realizaron dentro de la materia. Sin embargo, no se logró nada en espiritualidad, ya que el alma aún no había alcanzado ese nivel.

 

En el momento en que todos estos acontecimientos tuvieron lugar en el nivel material, el pueblo, en el sentido espiritual, se encontraba en su grado habitual, en el nivel de las masas. Tanto el éxodo de Egipto como la entrada a la Tierra de Israel ocurrieron únicamente en el nivel material.


Todo lo que poseían en el nivel espiritual en ese momento era meramente un destello del nivel de Néfesh, es decir, una sensación de que estaban cerca de la espiritualidad, del Creador, y un sentido de la importancia de sus acciones, como una persona que está bajo la influencia de lo espiritual.

 

Pero dado que existe una raíz espiritual específica, esta debe necesariamente extenderse al mundo material y realizarse aquí. Precisamente por eso recorrimos todo este camino en el nivel terrenal una vez, con la excepción de la corrección final.

 

Ya estuvimos en Egipto, salimos de allí, conquistamos la Tierra de Israel, construimos el Primer Templo en el nivel de Mojin de Jayá, solo para verlo destruido, luego construimos el Segundo Templo en el nivel de Mojin de Neshamá, y este también fue destruido. Fuimos al exilio. Pasamos por varios exilios y ahora hemos regresado del último.

 

Y ahora debemos construir el Tercer Templo, uno en el que Mojin de Jayá y Mojin de Neshamá estarán presentes juntos como Mojin de Yejidá, de modo que el Tercer Templo abarque la esencia de sus dos predecesores combinados.

 

Esto significa que en el mundo material ya hemos recorrido todo el camino hasta el final mismo de la corrección. Pero en espiritualidad aún no hemos logrado nada. Apenas hemos llegado a nuestro estado actual, el período de preparación. Ahora debemos llevar a cabo el éxodo de Egipto, entrar en la espiritualidad y luego recorrer todo este camino en la espiritualidad.

 

Nuestra era actual es el momento en el que, en un futuro cercano, todas las almas están destinadas a completar su etapa preparatoria y entrar en el mundo Superior; comenzarán a ascender la escalera espiritual, pasarán por los 125 grados y llegarán al final de la corrección.

 

En lo material, prácticamente no nos queda nada por realizar, excepto lo que aún debe hacerse antes de la construcción del Tercer Templo. El resultado, si nos encontraremos con más sufrimiento o con bondad, nos será revelado para que podamos llegar a nuestra corrección final, y depende de nuestro trabajo interior, de nuestras acciones.

 

Cuanto más cerca de la alegría, más cerca del Creador

 

Está escrito: «Trabaja para el Creador con alegría». Si no hay alegría, es señal de que no estamos en la espiritualidad. El otorgamiento es imposible sin alegría.

 

En el Libro del Zóhar se dice que la Shejiná habita únicamente en un lugar perfecto: no en un lugar de carencia, ni en un lugar de defecto, ni en un lugar de tristeza, sino en el lugar adecuado, en un lugar de alegría. En un lugar corregido hay una iluminación procedente de la presencia del Creador, y esto trae alegría a la persona.

 

Según este criterio, siempre se puede determinar si una persona se encuentra en el camino espiritual o no. Cuando alguien empieza a estudiar, durante mucho tiempo aún no percibe los cambios que se producen en su interior, o puede que los perciba de forma invertida; por lo tanto, puede sentir desánimo o irritación y encontrarse en conflicto con los cambios que se están produciendo en su interior.

 

En este caso, la alegría es un indicador muy claro. Si una persona no siente alegría, significa que sus deseos no se corresponden con el Creador, sino que se oponen a Él. A medida que el deseo se corrige, la alegría se revela en el interior de la persona. Y cuanto más fuerte y profunda es la alegría, más se revela la luz Superior, la presencia del Creador, la Shejiná.

 

Si la fuerza Superior se dispone a revelarse en el interior de una persona, primero se manifiesta la alegría y solo después el Creador. La alegría es una iluminación que viene de Arriba, una fuerza especial de la Luz que aparece en respuesta a la plegaria, a una petición dirigida al Creador desde abajo. Cuando nos dirigimos al Creador con preguntas y peticiones y deseamos conectarnos con Él, recibimos en respuesta una Luz que viene de arriba, la cual corrige nuestros deseos y los llena.

 

Esta Luz trae primero la alegría, y solo después todas las demás revelaciones. Por lo tanto, la Shejiná (la presencia del Creador) se revela únicamente en la alegría, que es lo primero que aparece.

 

Si quiero alcanzar el otorgamiento, debo estar siempre en la alegría. Y si esta brilla por su ausencia, debo examinarme a mí mismo para ver dónde permanece en mi interior un egoísmo sin corregir que me impide revelar al Creador. No sabemos si nos estamos acercando a la revelación del Creador y, por eso, los cabalistas nos dan un criterio para comprobarlo: ¿Me estoy acercando a la alegría o, por el contrario, me alejo de ella cada día?

 

A través de estos movimientos hacia una mayor o menor alegría, uno puede juzgar en qué medida se está acercando a la revelación de la fuerza Superior o alejándose de ella, ya que la alegría es el resultado de las «buenas acciones», es decir, de las correcciones.

 

En cualquier estado hay que aferrarse a la alegría, porque «No hay nada más que el Creador»; todo proviene de Él. Nadie puede hacernos daño sin el conocimiento o el consentimiento del Creador, eso nunca ocurre, todo viene de Arriba. Detrás de cada persona está el Creador, ejerciendo Su influencia sobre nosotros a través de este teatro de la «realidad».

 

Si no tengo una intención egoísta de recibir, siempre estaré en la alegría. No me importa lo que el Creador me dé; lo principal es que Él cuida constantemente de mí. No sopeso qué es más agradable o beneficioso para mí desde mi egoísmo; por eso, lo acepto todo con alegría.

 

Según este criterio, podemos evaluarnos a nosotros mismos: ¿Estamos avanzando como grupo hacia la corrección y la revelación del Creador? ¿Estamos dando ejemplo a los amigos de que debemos estar siempre alegres para acercar cada vez más la revelación de la fuerza Superior?

 

La alegría es una consecuencia de mi acto de otorgamiento, de otorgar  a los amigos, al Creador y a la humanidad. La alegría es el resultado del otorgamiento porque, al otorgar, soy similar al Creador. Por lo tanto, a través de esta acción recibo una iluminación que se denomina «alegría».

 

La alegría espiritual proviene del hecho de que, a través de mis acciones, ayudo al Creador a llenar toda la creación. La alegría es el resultado de que, con la ayuda del Creador, yo lleno toda la creación y, de ese modo, le proporciono placer.

 

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