Para comprender cómo podemos alcanzar al Creador a través de nuestra actitud hacia los amigos, debemos observar que en la sociedad de aquellos que desean convertirse en cabalistas las personas actúan según la regla de que, a partir del amor a los amigos, llegamos al amor al Creador, tal como escribe Rabash en sus artículos sobre lo que el amor a los amigos debe aportarnos. Por tanto, debemos comprender que, en nuestra actitud hacia los amigos, determinamos en última instancia nuestra actitud hacia el Creador. Incluso si somos incapaces de tratarlos con amabilidad, pero somos conscientes de ello y deseamos comprobar si estamos mejorando, debemos examinar si algo ha cambiado en nuestra actitud hacia ellos. Si algo ha cambiado sustancialmente, o incluso ligeramente, es señal de que hemos dado un gran paso adelante en la espiritualidad.
No podemos medir la espiritualidad, pero sí podemos evaluar, desde la perspectiva del corazón, cómo vemos a los demás: si sentimos menos envidia de ellos, si tal vez ya somos capaces de preocuparnos un poco por ellos y si ya existe en nuestro interior cierta preparación para ello. Esta es la prueba. Nunca podemos imaginar un grado espiritual superior, cuando algo se nos revela de repente, o cuando comprendemos algo de improviso, para nosotros constituye una verdadera revelación en el camino del amor a los amigos en la Cabalá.
Ante esta revelación, ¿cómo podemos anhelar un estado superior? Lo que debemos hacer es recordar el último buen estado que tuvimos, aquel en el que anhelábamos al Creador, pensábamos en Él, disfrutábamos al sentirlo y estábamos conectados con Él. Debemos intentar aferrarnos a ese estado incluso cuando ya haya pasado. De alguna manera, necesitamos construir continuamente la postura de la relación entre nosotros y el Creador, ya que se nos dio un ejemplo con ese propósito.
Calcular la espiritualidad La espiritualidad tiene sus propias matemáticas
¿Es más lógico llegar al amor a las personas a partir del amor al Creador?
Según la sabiduría de la Cabalá, el amor al Creador es el grado final del desarrollo del deseo; es la corrección del deseo. El deseo existe en doble ocultamiento, en simple ocultamiento, en recompensa y castigo, y en amor. El amor se divide allí en varias partes, y el amor eterno es el mayor y el último.
Es decir, debemos llegar al final de la corrección y, solo a partir de ahí, comprender que debemos relacionarnos bien con el amigo con el que estamos estudiando. De lo contrario, ¿por qué creó el Creador todo este mundo y a los amigos, y nos reunió a todos? El propósito de la existencia de este mundo, que supone una carga para el alma y la agobia, es intentar llegar al final de la corrección (Gmar Tikún) a pesar de las perturbaciones que el Creador nos envía actualmente. En esencia, de esto se trata todo el asunto de ascender por los grados. Ya nos encontramos en el final de la corrección incluso ahora mismo, pero no lo sentimos porque nuestro corazón está envuelto por 125 velos. Estas capas de ocultación deben neutralizarse para poder sentir el final de la corrección. ¿Cómo se neutralizan esos velos? A través de diversos medios que están a nuestra disposición.
Incluso los grandes justos que se encuentran en el final de la corrección descienden a este mundo cuando deben ayudar a las almas que habitan en él, y comienzan de nuevo el mismo camino, alcanzan el final de la corrección en sus vidas, escriben libros para nosotros, nos ayudan, nos cuidan y nos enseñan, todo ello desde el nivel de este mundo. Siguen conectados con el final de la corrección en su interior, pero están aquí con nosotros. En otras palabras, todos los velos que se nos han dado para que no sintamos el fin de la corrección tienen como objetivo llevarnos a superarlos, de modo que podamos relacionarnos con ellos y utilizarlos. Cuanto mayor sea la perturbación mayor será la iluminación que se producirá más adelante.
Las leyes de la naturaleza en este mundo lo demuestran: la acción de la resistencia en la electricidad, la conexión entre las células del cuerpo y la conexión entre todas las cosas. La fuerza de la resistencia es una fuerza positiva si se utiliza con un propósito. Solo a través de ella se puede percibir algo y obtener un beneficio. Cuando la electricidad pasa por un cable sin resistencia no se percibe. Si se le añade una resistencia se puede obtener un beneficio de ella: calefacción, refrigeración y el funcionamiento de diversos aparatos.
Lo mismo ocurre con la carga que provoca la voluntad de recibir. Sin ella, no sentiríamos la luz. Sin ninguna aspereza, no se siente nada. Si hay aspereza en el mar de luz, en función de dicha aspereza, podremos sentir la luz atravesándola, siempre que dejemos que pase. Por lo tanto, a la fuerza de la pantalla (Masaj) se la denomina «la fuerza de resistencia», la cual atrae la luz de Jasadim. Funciona exactamente igual que una resistencia eléctrica que resiste a la electricidad.
¿Qué es el discernimiento del conocimiento y qué es el discernimiento de la fe?
Una persona no puede caminar por el sendero del conocimiento, porque el sendero del conocimiento es la recepción de la recompensa en vasijas corregidas. ¿Qué es el conocimiento? El conocimiento se nos otorga cuando la luz entra en la vasija y le proporciona una sensación; entonces examinamos dicha sensación con nuestro intelecto y somos conscientes de todas las circunstancias que nos condujeron a ella: las acciones que realizamos, con qué deseos, en qué medida estaban corregidos, en qué grados de espesor (Aviut) y cómo construimos esa sensación en su conjunto. La estructura de la sensación, nuestro enfoque hacia ella, cuánto trabajamos y cómo la disfrutamos ahora: todo ello nos aporta conocimiento. En la espiritualidad, solo podemos alcanzar esto mediante la fe; es decir, a través de la corrección de Jafetz Jésed (deleitarse en la misericordia). La fe y el conocimiento son dos grados. A la «fe» se le llama la luz de Jasadim, y a la «fe completa» —cuando el conocimiento se integra en ella— se le llama «la luz de Jasadim con la iluminación de Jojmá».
Alcanzamos la luz de Jasadim mediante una pantalla (Masaj) de los grados de grosor raíz, primero y segundo. Incluso en los grados de grosor tercero y cuarto, la luz de Jasadim debe llegar primero con una intensidad adecuada para la luz de Jojmá. La fe es la primera corrección. Todo se alcanza a través de la fe. ¿Qué significa la fe? Significa tener una restricción (Tzimtzum) y vasijas de otorgamiento; es decir, el grado de Biná. A Biná se le llama «fe». Al GAR de Biná se le llama «fe completa». Al ascender de abajo hacia arriba, cuando Maljut llega al grado de Biná, primero alcanza a Biná —llamada Jafetz Jésed — y posteriormente, cuando corrige sus vasijas de recepción dentro de Biná, se considera que ha alcanzado el GAR de Biná; allí recibe la iluminación de Jojmá.
Esto contrasta con lo que piensa la mayoría de la gente en nuestro mundo: que la fe significa cerrar los ojos, volverse fanático y hacer lo que se nos dice sin usar la cabeza. En las vasijas espirituales, es cierto que «no usar la cabeza» significa no trabajar con la luz de Jojmá; sin embargo, debemos «usar la cabeza» para trabajar con la luz de Jasadim, lo cual requiere gran sutileza y esfuerzo. Esto no significa eliminar los deseos, sino conocerlos y, por encima de ellos, construir una actitud que trascienda dichos deseos. A esto se le llama «fe por encima de la razón» en la Cabalá.
No existe tal cosa como una fe simple. Dado que somos vasijas de recepción —incluso en los grados de grosor raíz, uno, dos y tres—, todo lo que hacemos se basa esencialmente en la voluntad de recibir. No poseemos una voluntad de otorgar; la voluntad de otorgar es el Creador. Tenemos un deseo de recibir que puede corregirse con el fin de otorgar. Por lo tanto, aunque trabajemos en el grado raíz de grosor, seguimos trabajando sobre un deseo de recibir de dicho grado raíz, lo cual difiere del otorgamiento puro del Creador. Si logramos trabajar únicamente con el fin de otorgar, trabajamos por encima del deseo de recibir.
También en el deseo de recibir existe conocimiento. El conocimiento es su grosor —incluso en el grado raíz de grosor— y, si trabajamos por encima de él, nos neutralizamos; a esto se le llama ser un «embrión». El grado raíz de grosor corregido recibe el nombre de «embrión». Nos anulamos por completo y permanecemos en un estado de anulación del yo, pero somos conscientes de aquello a lo que renunciamos y de lo que nos anulamos. En esta anulación nos encontramos bajo el control total del Creador; esto se denomina «un embrión en el vientre materno» y representa la entrega total de nuestra alma al Superior. Esto ocurre por encima de la razón. En la medida en que existe la razón, debemos situarnos por encima de ella. En cada grado existe un estado llamado «embrión». Es decir, existen 125 grados, y en cada grado más avanzado hay un nivel de grosor al que renunciamos para entregar nuestra alma. Ser un embrión en el grado 100, por ejemplo, constituye un logro mayor que ser «grande» en el grado 99.
¿Se alcanza todo con la fé? Cómo construir un verdadero deseo espiritual en la Cabalá

