Todo es uno, pues Él y Su nombre son uno, como está escrito: «Para que sepan que sólo Tú, Tu nombre es “el Señor”» (Baal HaSulam, «Introducción al Libro del Zohar», «Dos puntos»).
Se trata del hecho de que incluso a través de cualidades opuestas, egoístas y aparentemente desagradables, se alcanza la unicidad del Creador y Su grandeza.