Rabash sabía que yo no lo abandonaría, estaba fuera de discusión. Pero pasé por estados de desobediencia y objeciones muy difíciles, terribles y agudas. A veces, era muy incontrolable, no podría haberme comportado de otra manera.
Sin embargo, incluso en esos estados, intentaba hacer todo lo posible por él; amaba mucho a mi maestro, pero también había momentos en que lo odiaba, no es que lo odiara, simplemente no entendía: «¡¿Cómo puede ser esto?!» Eso es natural.