Pregunta:
¿Por qué no podemos tomar, digamos, una decena de hombres y ponerlos en un “acuario”, y todos los demás se encargarán de ellos y cumplirán el principio de garantía mutua?
Respuesta:
¡No tenemos por qué cuidarlos! ¡Que se cuiden entre ellos, eso es otra cosa! Pero si el Creador nos da hoy no una decena, sino diez mil personas, ¿qué podemos hacer?
Hoy en día, decenas de miles de personas luchan por la unidad como solución a los problemas del mundo y para alcanzar el mundo Superior.
Allá donde voy, la gente me reconoce. En Grecia, la anfitriona de la casa donde alquilamos habitaciones me dijo: “Le conozco”. En Chisinau, el dueño de un pequeño hotel en el que nos alojamos exclamó: “¡No sabía que había reservado nuestras habitaciones!”. Resulta que mucha gente nos conoce. ¡Millones!
En cualquier país, la gente me para por la calle, me saluda, me hace preguntas y conversa, somos muy conocidos. Por eso no podemos limitarnos a una decena de personas. De hecho, no ayudaría, sería contraproducente. ¿Por qué el alma colectiva se fragmenta en muchas partes? Para que sea más fácil corregirlas.
Si dividimos el egoísmo en partes más pequeñas, cada una de ellas será más fácil de corregir. En nuestro mundo, solucionamos cualquier problema dividiéndolo en problemas más pequeños, resolviéndolos y luego combinándolos. Es la única manera.
No puedes hacer nada más allá de lo que te ha sido dado desde arriba; si se te revelan estas condiciones, debes actuar dentro de ellas, se te da un sistema de corrección y lo que debes corregir se te revela desde arriba.
Éstas son las condiciones: este mundo, estos problemas, esta crisis. Trabajemos con ellos, debemos entender que éste es el mejor camino y correcto.
Pregunta:
¿Es necesario que salga una decena o todas las decenas?
Respuesta:
Lo ideal es que todo salga bien, pero incluso una parte es posible; todos se esfuerzan por dar a los demás lo que necesitan para la corrección y después de eso, es un esfuerzo individual para cada uno.
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