Uno debe tener la forma de “sauces del arroyo”, sin sabor ni olor y deleitarse en este trabajo, aunque no sienta sabor ni olor en él. Y entonces este trabajo se llama “las letras de Tu nombre unificado”, por las cuales somos recompensados con la unificación completa con el Creador (Baal HaSulam, Shamati, 85 “¿Cuál es el fruto de un árbol cítrico, en el trabajo? ”).