El trabajo del Creador

El grupo es el «botón» en el que constantemente estamos haciendo “clic” para atraer la Luz hacia nosotros. Participo en la vida del grupo; aspiro a la unidad con los amigos y deseo «disolverme» en ellos: de este modo, atraigo la Luz que Reforma. En esencia, ésta es mi única acción: atraer la Luz que llevará a cabo todos los cambios necesarios.

La situación es simple. Ahí estoy yo, queriendo llegar a la meta correcta: llegar a ser equivalente al Creador. Existe un medio para hacerlo: pedir que la Luz me afecte y, poco a poco, hacer todas las modificaciones necesarias en mí, a través del grupo. De esta forma avanzamos.

Con cada cambio, puedo examinarme: ¿Qué es el «día», y qué es «la noche» para mí? Si estoy en el «día», significa que estoy siendo llenado de formas diversas y, si estoy en la «noche» u «oscuridad», significa destrucción de la mente y el corazón. Así es como se ve en los deseos egoístas.

Ahora, tenemos que estimular dichos cambios dentro de nosotros; esto nos permitirá adquirir deseos de otorgar y, podremos evaluar «día» y «noche» como lo hace el Creador. Para Él, «día» es el otorgamiento, o fe por encima de la razón, lo cual contradice la lógica y la sensación del nivel actual.

Para llegar a este otorgamiento, o fe, no tenemos que hacer esfuerzos sobrehumanos, que somos incapaces de realizar. Más bien, hemos de esforzarnos en el grupo, en nuestra unión, y convocar a la fuerza de la Luz, la cual desciende y hace el trabajo.

De hecho, todo el trabajo espiritual es considerado como la «obra del Creador.» Él lo hace; yo sólo he de desearlo, como un niño que agarra a un adulto de la mano y tira de él, para llevarle a donde quiere ir. Si una persona entiende la esencia de esta interacción, se siente a gusto. Con cada nuevo paso, dicha persona utiliza el libre albedrío en el grupo y atrae la Luz que Reforma.

(23688 – De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 15 de octubre 2010, Shamati # 16.)

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