De este modo, verán que todas estas formas en toda la creación, opuestas a nosotros, llamadas la forma del operador y el operado, la forma de las corrupciones y las correcciones; y la forma del trabajo y su recompensa, todas, están incluidas en Su pensamiento único. En simples palabras, “deleitar a Sus seres creados”, precisamente eso, ni más ni menos.
También está incluida en ese pensamiento, toda la variedad de conceptos, tanto los conceptos de nuestra sagrada Torá, como aquellas enseñanzas externas. Todas las creaciones y los mundos y las distintas conductas en todos y cada uno, derivan de este pensamiento singular, como lo explicaré en adelante, en su correspondiente lugar (Baal HaSulam, El Estudio de las Diez Sefirot, Parte 1, “Observación interna”, Capítulo 5, Punto 22).
Todo es guiado por un pensamiento particular y va sólo en una dirección —llevar a la humanidad y a cada persona, al placer absoluto. De parte del Creador, este es el propósito de la creación y Él conduce a esto a las personas, aunque así no nos parezca en absoluto.