De los sabores de la Torá a los secretos de la Torá: El camino del retorno al Creador

El texto dice: «Vuelve, oh Israel, al Señor tu Dios, pues has tropezado en tu iniquidad. Toma contigo palabras y vuelve al Señor. Dile: «Quita toda iniquidad y acepta el bien, y pagaremos con el fruto de nuestros labios»» (Rabash, «¿Qué significa «Vuelve, oh Israel, al Señor tu Dios» en el trabajo?»).

 

¿Qué significa «Vuelve, oh Israel, al Señor tu Dios» en el trabajo espiritual? Se refiere a una instrucción que es, en esencia, la meta original que debe alcanzarse a lo largo de todo el camino, para que la persona llegue a su raíz y se realice plenamente en ella: «al Señor tu Dios».

 

En la sabiduría de la Cabalá ¿Qué significa «al Señor tu Dios»? Significa que todas las cualidades de la persona llegan a la equivalencia de forma con las cualidades del Creador. A esto se le llama retorno o arrepentimiento: «Vuelve, oh Israel».

 

En hebreo, la palabra «Israel» puede entenderse como Yashar-El (directo hacia Dios). Por tanto, quien es llamado «Israel» debe alcanzar un estado en el que devuelva al Creador cada uno de los deseos que constituyen su alma; es decir, adquiere una pantalla (Masaj) y trabaja con ese deseo con la intención de otorgar.

 

La persona ya posee todos estos deseos. Gradualmente, al adquirir una pantalla la intención de otorgar, los devuelve a la forma que pertenece al Creador.

 

Esto es lo que significa «volver» hasta alcanzar al «Señor tu Dios», adquiriendo así la misma forma, la misma imagen, las mismas capacidades y el mismo grado de alcance que el Creador le revela. Se convierten, por así decirlo, en socios que existen en el mismo nivel, como Zeir Anpin y Nukva del mundo de Atzilut, que se encuentran en el mismo nivel en una adhesión continua cara a cara. Este es el propósito de la corrección.

 

Sabores de la Torá vs. Secretos de la Torá: La diferencia entre ZAT y GAR

Entonces, tras corregir en el alma estas vasijas de recepción que posee, la persona asciende a las tres primeras Sefirot (GAR). ¿Qué significa esto? 

 

Una persona se eleva por encima de su cuerpo que ya ha sido corregido y comienza a alcanzar los pensamientos del Creador, Sus deseos e intenciones que precedieron a la actitud del Creador hacia ella; es decir, que precedieron a su creación por parte del Creador. Estas se denominan las «tres Sefirot superiores», y las luces reveladas en las vasijas de las tres Sefirot superiores se llaman los «secretos de la Torá«. Por otro lado, todas las luces reveladas en las vasijas corregidas de la persona se denominan los «sabores de la Torá«.

 

En el ámbito espiritual, el «hombre» (Adam) es el Partzuf MA, lo que significa las siete Sefirot inferiores (ZAT); en otras palabras, Zeir Anpin y Nukva juntos. Aquellos elementos situados por encima de ZAT —las tres Sefirot superiores: Keter, Jojmá y Biná— así como las luces reveladas en su interior, constituyen los secretos de la Torá, mientras que las luces reveladas en las siete Sefirot inferiores se denominan los sabores de la Torá.

 

Por lo tanto, hasta que una persona no haya logrado retornar al Creador con toda su alma y con todas sus fuerzas es decir, hasta que haya corregido todas sus vasijas y los haya llenado con todas las luces, de modo que se revelen todos los sabores, tiene prohibido tocar los secretos de la Torá. Estos están por encima de ella; se trata de un grado superior.

 

Está escrito que deben permanecer ocultos en lugar de revelarse. Solo aquel que ha «llenado su estómago con el Talmud y las leyes» es decir, con los sabores de la Torá y se ha elevado a un grado superior, llega a estudiar las tres Sefirot superiores, los secretos de la Torá, que se denominan los fundamentos de la recepción, las raíces del receptor.

 

Por consiguiente, mientras la persona atraviesa correcciones en el camino hacia el Fin de la Corrección, la recompensa por revelar los sabores de la Torá es enorme. Pero la recompensa por ocultar los secretos de la Torá también es inmensa, ya que así la persona no fracasa en el camino: oculta la parte cuyo momento aún no ha llegado y revela aquella que es capaz de corregir.

 

La «edad de los 40 años» y el Fin de la Corrección (Gmar Tikkun) 

 

Aquellos que ya han completado toda la etapa de los sabores de la Torá pasan a la etapa de los secretos de la Torá, fase a la que se hace referencia como «a la edad de más de cuarenta años». 

 

Esto sucede según leyes especiales conocidas, cuando una persona ya ha adquirido el Masaj (pantalla) completo todas las cualidades de Biná por encima de su deseo de recibir, por encima de Maljut y, de este modo, ha corregido verdaderamente toda la Maljut con la intención de otorgar.

 

Entonces alcanza lo que se denomina «edad media» [literalmente, «edad estable»], lo que significa que se erige en su estatura completa, habiendo llenado todas sus vasijas con el fin de recibir para otorgar. A partir de los «cuarenta años», comienza a elevarse hacia los secretos de la Torá, haciéndose verdaderamente merecedor de las luces de las tres Sefirot superiores y alcanzando las intenciones del Creador.

 

Antes de eso, el propósito de nuestros esfuerzos nos resulta desconocido. No podemos comprender, alcanzar ni esclarecer por nosotros mismos cuáles son las intenciones del Creador respecto a la creación.

 

Para expresarlo de alguna manera, decimos que su deseo es hacer el bien a sus criaturas; que las creó para deleitarlas; que tuvo el deseo de revelarse, de habitar en los inferiores, y que Él las creó para llenarlas, como si fuera a entrar en ellas y revelarse en su interior.

 

Incluso nuestros Kelim (vasijas) comprenden que estas respuestas no nos satisfacen. Tales respuestas solo se convertirán en respuestas auténticas bajo las luces de las tres Sefirot superiores. No obstante, el mero hecho de que seamos capaces de formular estas preguntas ya nos indica que, algún día, recibiremos la respuesta.

 

Ascender de un grado a otro      Revela los pensamientos y las acciones del Creador

 

Al fin y al cabo, todas las preguntas surgen de Kelim vacíos, creados por la Luz la plenitud que precedió al Kli; y, naturalmente, dicha plenitud acabará por llenar el Kli. Por consiguiente, llegará un momento en que nuestras preguntas se verán colmadas de respuestas, de luces.

 

Así pues, el mandato «Vuelve, oh Israel, al Señor tu Dios» debe cumplirse en cada persona.

 

La otra cara de la Luz: ¿Por qué sentimos sufrimiento en el camino espiritual? 

Comentario:

Parece que en nuestro grupo existe cierta atmósfera de glorificación del sufrimiento. Incluso en los artículos, no se enfatiza lo suficiente que el sufrimiento es una Klipá (cáscara o impureza).

Mi Respuesta:

Estamos obligados a luchar contra el sufrimiento. Debemos recalcar que el sufrimiento es lo opuesto a la Luz y surge como resultado de percibir su reverso (Ajoraim).

 

No estamos lo suficientemente corregidos para ver la Luz; por eso, cuando se derrama un poco más de luz sobre nosotros, solo sentimos su reverso. Pues una vasija opuesta a la luz experimenta lo contrario a ella. Si la Luz llegara realmente a mí en este momento, sentiría una oscuridad tal que sería imposible escapar de ella.

 

Esto puede compararse con una persona hambrienta que de repente se encuentra en un banquete ofrecido por gente adinerada. Lleva una semana sin probar ni un mendrugo de pan y, de pronto, se halla ante tal abundancia de comida que esta casi se encuentra tirada por el suelo. ¿Experimentaría placer ante ello? No, sentiría un sufrimiento aún mayor. Antes, pensaba que todo el mundo vivía como él, que la situación no era tan terrible y que, de algún modo, se podía soportar. Pero al ver tal abundancia, su propia vida le parece, de repente, horrible.

 

Por tanto, debemos comprender que todas estas impresiones opuestas nos llegan debido a la falta de corrección de nuestras vasijas. No obstante, en cualquier caso, no creo que los artículos dejen de explicar que uno no debe hundirse en la melancolía ni ceder ante estados de desesperación, pesadez o sensación de impotencia. Creo que este tema se aborda en todos los artículos.

 

Y estos recordatorios te parecen insuficientes porque deseas verlos todo el tiempo ante tus ojos, precisamente porque ese es el estado hacia el que te ves continuamente arrastrado.

 

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