A medida que uno asciende en los grados espirituales y alcanza las propiedades de la modestia (Anava), la sumisión por amor, por la grandeza del Creador, entonces llega a él un estado de temor que lo desarrolla gradualmente, y se vuelve agradable y gentil con sus amigos.
También desarrolla el asombro al ver el gobierno y la participación del Creador en todo, y empieza a comprender cuánto depende de Él.