Sí, el deseo de espiritualidad es el mayor anhelo para quienes empezamos a desarrollarnos, incluso para alguien que vivió hace 5,000 o 1,000 años, no importa cuándo. Toda la humanidad se encuentra en un estado de desarrollo. ¿Qué es el desarrollo? Significa que los deseos crecen y se expanden.
Por ejemplo, hace 50 años, era difícil encontrar variedad de productos en el supermercado. Se podía comprar pan, leche y quizás un tipo de yogur. Hoy, al entrar en un supermercado, se despliega ante los ojos una enorme variedad de productos, de todos los colores, sabores y tamaños, con opciones bajas y altas en grasa, productos locales e importados. Tal variedad nunca antes había existido. Esto nos da una idea de lo que significa el desarrollo.
Los deseos crecen constantemente y se dividen en innumerables categorías detalladas, más de las que uno podría imaginar, que aportan muchos matices. Hoy en día, podemos distinguir entre 50 tipos de alimentos y saber exactamente cuál queremos. Es casi una locura, pero así es. Fíjate en cuántas distinciones se pueden hacer incluso dentro de una sola categoría de alimentos y lo mismo ocurre con todos los aspectos de la vida.
¿Por qué sucede esto? Porque el deseo de recibir está en constante desarrollo, exigiendo una satisfacción mayor y más diversa. Según esta creciente necesidad, recibimos nuevas ideas y pensamientos sobre cómo satisfacernos con una variedad de cosas. De repente, nos damos cuenta de que hay un nuevo «hueco» o vacío en nuestro deseo que puede llenarse con otro sabor, con otro objeto.
Por lo tanto, nos desarrollamos hasta que todos los deseos bestiales o animales se vuelven, en mayor o menor medida, familiares y comprendidos. Entonces, se introduce un nuevo deseo: el deseo de espiritualidad. Este deseo se llama el «punto en el corazón» y se posiciona en contra de los deseos animales. Ahora, comienzan a desarrollarse uno contra el otro. En este punto, empezamos a sentir una división. Nos sentimos como un péndulo oscilando entre estas dos fuerzas sin comprender a dónde nos llevará ni cómo sucede.
¿Es el punto en el corazón el deseo más espeso?
El punto en el corazón no es el deseo más espeso. El nuevo deseo espiritual es superior a los deseos mundanos porque nos lleva a estudiar la Cabalá. Nos hace despertar de nuestro sueño, dejar nuestra cálida cama y despreocuparse de los asuntos mundanos. ¿Qué significa esto? Significa que el deseo de espiritualidad es mayor que los demás deseos, pero solo cuando proviene de lo alto.
Más adelante, se nos da libre albedrío y a partir de ahí, debemos empezar a examinar nuestros deseos y preferir el deseo espiritual a los demás. Esto significa que debemos cultivar el punto en el corazón por encima de los deseos del corazón. Pero entonces los deseos corporales y mundanos vuelven a surgir. La fatiga y las frustraciones regresan, tanto en el punto en el corazón como en el corazón mismo; se oponen entre sí y comenzamos a oscilar entre ellos.
Así, algunas personas abandonan el marco de estudio durante uno o dos meses, uno o dos años y luego regresan. Algunas experimentan muchos estados diferentes incluso en un solo día, lo que se denomina «la catapulta». Nos vemos arrojados al torbellino de los deseos corporales y humanos, para luego ser lanzados de nuevo a la espiritualidad, una y otra vez. Y por medio de esto, crecemos. No es como crecimos a lo largo de la historia humana, a través de reencarnaciones anteriores, donde el objetivo era simplemente expandir los deseos por este mundo. En cambio, ahora cultivamos el deseo por el otro mundo en oposición a los deseos por este mundo. En otras palabras, ahora cultivamos el deseo por el Creador en oposición a los deseos de placeres físicos, dinero, honor y búsquedas intelectuales.
Comenza a buscar al Creado La principal elección en la vida
El sufrimiento purifica gradualmente el grosor
Hasta hoy la humanidad sigue percibiendo que hay muchas fuerzas, muchos propósitos en el mundo, que no hay un pensamiento único, ni una fuerza única, ni un deseo único, ni una meta única; que somos impulsados por diversos impulsos, urgencias, y que sobre nosotros se alzan numerosos “mandos y causas de lo que ocurre”.
Pero el sufrimiento, tanto en las generaciones anteriores como en la nuestra, en el buen camino y en el malo, purifica gradualmente el Aviut (“grosor”).
Precisamente porque por un lado una persona se vuelve más “Tosco”, y por el otro investiga más y más, y llega a comprender que es incapaz de comprender e investigar, esto lo lleva a la revelación de la verdad de que no comprende cómo está estructurada la creación. Esto le da el prerrequisito para demandar la revelación del Creador, tal como la demanda que surgió en Abraham.
Por lo tanto, cuando Abraham comenzó a buscar al Creador, estaba solo. Más tarde se le unieron otros, aquellos de los que habla la Torá, personas que captaron esta idea y le acompañaron: sus hijos, nietos y alumnos que se le unían constantemente.
Todo esto se convirtió en un sistema especial para educar a las generaciones futuras dentro del grupo de Abraham.

