Durante la etapa de preparación, no podemos determinar en qué deseos nos encontramos. No sabemos dónde están la recepción o el otorgamiento, no sabemos ni entendemos exactamente en qué estamos trabajando.
La clave para un trabajo correcto durante la etapa de preparación es atribuir todo al Superior. Esto se debe a que el estado espiritual más bajo en el que entramos y en el que estamos incluidos, tras cruzar la barrera (Majsom), se denomina «embrión» (Ubar). Es un estado en el que nos anulamos ante el Superior y dejamos que Él actúe sobre nosotros como quiera. Esto se llama atribuir todo al Superior y reconocer la grandeza del Creador, que es Él quien actúa y que lo hace todo dentro de nosotros y a nuestro alrededor.
Ésta es la verdad, pero debemos ejercitarla porque no podemos atribuirlo todo plenamente al Superior. Se nos escapa repetidamente, y debemos volver a esta verdad una y otra vez, lavar nuestras mentes con ella, y convencernos a nosotros mismos de que realmente es así. Pero simplemente no podemos hacerlo por nuestra cuenta porque solo viendo al Creador, experimentando esta realidad de primera mano, podemos convencernos.
El deseo de recibir es muy pragmático. «Muéstramelo y ya está». «Déjame probarlo». ¿Por qué escriben las fuentes: «Prueben y vean que el Señor es bueno»? ¿Por qué es necesario probar? ¿Por qué no basta con ver? Porque solo saboreando recibimos una imagen sensorial clara de lo que hemos experimentado, igual que los niños pequeños y los bebés experimentan los objetos y los perciben a través del sentido del gusto. Es el sentido más fiable. Por eso los bebés no se conforman con ver, sino que se lo llevan todo a la boca para saborearlo.
Del mismo modo, hasta que no probamos al Creador como Luz interior (Or Pnimi), no tenemos un conocimiento claro de lo que Él es. Es por eso que no podemos alcanzar el verdadero conocimiento antes de que la barrera se abra para nosotros, antes de que la Luz entre en nuestras vasijas.
Debemos anhelar el primer estado espiritual que esté más cerca de nosotros. Si deseamos todas las oportunidades que se nos dan desde arriba, si agotamos todas nuestras posibilidades, entonces entramos verdaderamente en ese estado porque hemos hecho todo el esfuerzo necesario.
¿Cuándo termina el esfuerzo? No lo sabemos de antemano. Depende de la estructura de cada alma. ¿Cuál es la señal de que el trabajo ha concluido? Cuando se abra el cielo. Hasta entonces, simplemente debemos seguir actuando.
Toda la Torá, tanto para los principiantes como para los que más tarde ascenderán los peldaños hasta el final de la corrección, está contenida en el primer artículo de Shamati titulado «No hay nadie más aparte de Él». Más allá de la barrera, el trabajo asume una forma diferente. Sin embargo, la tarea consiste siempre, en cada estado, en alcanzar el sentimiento de que «No hay nadie más aparte de Él», pase lo que pase y vaya a pasar lo que vaya a pasar.
Debemos vencer la resistencia y alcanzar este sentimiento sin desconectarnos de la realidad de este mundo. No es sensato vivir en un lugar aislado. Necesitamos vivir en el conjunto de la realidad, a través de la cual todo tipo de perturbaciones influyen en nosotros, se comprometen con nosotros, y a través de ellas encontramos «No hay nadie más aparte de Él».
Si completamos este trabajo, habremos terminado nuestra labor en este mundo y nos encontraremos con otras perturbaciones espirituales. A través de ellas, seguimos progresando, acercándonos cada vez más a la plena realización de «No hay nadie más aparte de Él».
¿Qué significa «No hay nadie más aparte de Él»? Es el conocimiento absoluto de que, al final, el Creador, nosotros mismos y todo el camino que hemos recorrido -las acciones, las perturbaciones, los deseos corregidos y no corregidos- somos uno.
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