No hay estado más importante que nuestro estado actual, ya que es aquí donde comienza nuestra evolución espiritual. Es en nuestra situación, en nuestra condición, que es posible alcanzar el primer nivel espiritual. No puede ser de otra manera, todos comenzamos así. Se nos da una oportunidad especial y debemos usar todos los medios disponibles para llegar a la sensación de exilio, a sentirnos encadenados y en el peor estado posible bajo el dominio del Faraón.
El Faraón controla hasta nuestro más pequeño pensamiento, nuestro más pequeño deseo, dondequiera que vayamos y hagamos lo que hagamos. Cada impulso y cada movimiento que realizamos proviene de él; cada pensamiento y cada flujo de conciencia, cada deseo y todos los deseos que de él se derivan, están determinados por el ego. No importa qué camino tomemos ni cuánto intentemos alejarnos del mal, permanecemos en el ego.
Una persona decide que no puede abandonar el exilio, aunque realmente desea salir de él y hace muchos intentos, grandes esfuerzos. Se esfuerza, pero no logra nada. Cuando clama desesperadamente con las últimas fuerzas que le quedan, solo por este último grito, ocurre un milagro y sale de Egipto.
Ahora comienza a comprender y sentir lo que significa estar bajo la influencia de la Luz. Libera su deseo y se somete voluntariamente a la Luz, al elegir estar bajo el dominio del atributo de otorgamiento, por encima de la razón.
Sabe que se está convirtiendo en esclavo, que se está esclavizando a sí mismo, y que ya no es libre, pero es libre del deseo de recibir y de su ser amado, por quien se preocupa constantemente. Está bajo otro tipo de dominio y, de hecho, desea estar bajo este.
No existe un estado neutral en el camino entre el Egipto egoísta y la entrega plena. Una persona pasa inmediatamente de un tipo de dominio a otro, pero lo desea y lo anhela aun estando en Egipto. Además de la repulsión, el odio y el rechazo que siente hacia el estado egipcio, también anhela el dominio total de la Luz para que esta lo gobierne, lo guíe y lo dirija por completo.
Así es como debemos prepararnos internamente. Esperamos estar listos para eso y, en cuanto a todo lo demás, el Señor completará la obra por nosotros.