Un grupo maravilloso se ha reunido aquí en este congreso, unido por una unidad enorme, colosal, con la Luz en su interior.
Y aunque esto escapa a nuestra comprensión, en realidad nada se desperdicia. Solo hay que sumergirse en el interior, en el punto del corazón, y desear unirse con otros puntos. Entonces veré que la Luz reina entre nosotros y que todos estamos unidos internamente.
Eso es lo que tenemos que revelar. Esto, de hecho, es la realización de la ciencia de la Cabalá. Todo lo que estudiamos, los mundos, los Partzufim, las Sefirot, es una conexión que revelamos. Cuando entramos en nuestra unidad interna, entonces las medidas de conexión entre nosotros y las medidas de revelación y ocultación de la luz conforman el mundo espiritual.
Nuestra relación se divide en cinco niveles: Asiyá, Yetzirá, Beriá, Atzilut y Adam Kadmón, hasta una conexión total y perfecta llamada el “mundo del Infinito”, donde no hay límite para nuestra relación. Y estos niveles, a su vez, se dividen en Partzufim y Sefirot. Al final, es solo allí donde revelamos lo que está escrito en la Torá y, en general, en todos los libros cabalísticos.
No tenemos adónde huir. Solo necesitamos enfocarnos constantemente en el nivel interno y profundo donde estamos interconectados. Todo depende de la atención de cada uno: que la persona no renuncie a esta aspiración.
Ahí es donde radica el gran problema: ¿Cómo podemos entrar, sumergirnos una y otra vez, hasta que alcancemos este nivel, hasta que lo sintamos entre nosotros, hasta que captemos las ondas de nuestra interconexión, que comenzarán a conectarnos a cada uno de nosotros al sistema común? ¿De dónde podemos obtener el poder del deseo, la atención, la empatía y la sensibilidad?
Aquí, nuevamente, necesito un entorno. No puedo mantenerme entero por más de un momento a solas. Puedo intentarlo, aplicar mi mente y mis sentimientos, sumergirme en mi interior, querer estar allí y aferrarme con las uñas, pero en un segundo todo desaparece.
Solo los amigos, que ya son dos millones en todo el mundo, me ayudarán. Todos deben pensar en todos, porque dependen de todos, y entonces me ayudaré a mí mismo a través de los demás. Eso no es algo de lo que sea incapaz. Pero si pienso en todos, para que ellos también lo piensen y vayan hacia lo mismo, entonces la fuerza común, el pensamiento común que envío a todos hará su trabajo, incluso si no me escuchan.
Incluso si solo lo pienso en silencio para mí mismo, mi deseo por su bien, que se llama la «plegaria de muchos», me regresa y me ayuda a permanecer en el nivel interno, hundiéndome más profundamente.
Y por lo tanto, al trabajar como grupo, no debemos dispersarnos en diferentes direcciones. Solo hay que enfocarse en este punto interno: cómo mantenernos en las capas profundas del grupo donde estamos unidos entre nosotros. Esto se aplica por igual a hombres y mujeres.
Lo externo también debe ponerse al servicio de lo interno. Como escriben Baal HaSulam y Rabash, debemos hablar de la importancia de la meta, la importancia de los amigos y la importancia del grupo. Después de todo, eso me da inspiración, confianza y seguridad para poder acercarme cada vez más a mi nivel interno, hasta que se abra. Y entonces sentiré que he entrado en el mundo interno, el mundo espiritual.
Por lo tanto, existe una ley: «Que el hombre ayude a su prójimo». Solo con el apoyo mutuo cada uno de nosotros podrá alcanzar la espiritualidad. Nadie podrá hacerlo solo jamás.
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Construye un lugar para la revelación del Creador
Construir un lugar para la revelación del Creador significa que una persona no solo debe corregirse a sí misma, sino también recibir de todos los demás los «ladrillos» necesarios para la construcción, lo que implica asimilar los deseos de los demás.
Cada persona debe utilizar todos los deseos que existen en la realidad, los deseos que el Creador ha preparado para los seres creados. Cada uno construye un Kli completo, un lugar perfecto. Resulta que debe construirse a partir de 600.000 partes que estaban originalmente incrustadas en los cimientos del alma de Adam HaRishón, donde cada parte, a su vez, consta de 600.000.
El Kli que una persona corrige a partir de los cimientos que se le han dado es infinito. Aunque se dice que es 620 veces mayor, en realidad es imposible siquiera determinar cuántas veces mayor es o en qué medida supera en calidad a los cimientos iniciales que se prepararon para construir el Kli.
Toda la sensación de la realidad, toda la eternidad y la perfección, solo las alcanzamos en este Kli, dentro del «lugar». Por eso se dice que «no hay nada que no tenga un lugar», porque si algo existe, si hay algo que percibimos como existente, solo puede estar dentro del «lugar», según el grado de su manifestación.
Y lo que sentimos al principio es la fase de Néfesh, esa sensación mínima, casi imperceptible de vida que se nos concede únicamente para que podamos comenzar la tarea.

