¿Qué son los ascensos y descensos en el trabajo interior?
¿Qué son los ascensos y descensos? Son momentos en los que he dado lo máximo de mí. He intentado aplicar toda mi fuerza, conocimiento, tiempo y energía. He exprimido al máximo mis capacidades.
En el momento de este esfuerzo, me siento lleno de confianza en mí mismo, orgullo, impulso para seguir adelante, y la certeza de que lo lograré. Pero justo en la cima de mi inspiración y entusiasmo, de repente me sobreviene un descenso.
Sin embargo, este descenso me revela que, incluso al límite de mi esfuerzo e inspiración, todavía estoy muy lejos de la meta. Cada vez que me esfuerzo más y me esfuerzo más por superar los obstáculos y avanzar, aparentemente logrando algo, más descubro que en realidad me alejo cada vez más del objetivo. Cada vez, mi situación se me muestra con mayor claridad y la verdad se revela cada vez más.
Resulta que, de esta manera, desarrollo dos cosas en mi interior. Primero, la conciencia de que me alejo cada vez más de la meta. Segundo, la meta misma adquiere una importancia creciente. Por lo tanto, no tengo otra opción, ya que es absolutamente necesario alcanzarla, y comprendo que soy incapaz de lograrla por mis propias fuerzas. Entonces me invaden la decepción y la desesperación.
Pero no me decepciona ni la meta en sí, ni mi deseo de alcanzarla. Me decepciona solo mi propia fuerza. Estoy totalmente decidido a lograrla, estoy dispuesto a invertir toda mi energía para ello, pero simplemente desconozco cómo conseguirla.
Entonces llego a un estado en el que comprendo que debo trascender la razón, ir en contra de la lógica humana; que debe existir alguna solución «antinatural», algo que esté por encima de nuestra naturaleza. Solo entonces se me revela esta solución, que no pertenece a nuestra naturaleza.
Esta comprensión debe surgir de la combinación de dos opuestos: la importancia de la meta y la falta de mi propia fuerza para alcanzarla. Ambos polos deben estar presentes aquí. Veo que mis fuerzas son nulas y que nada puede ayudarme. Y desde Arriba, no se me revelan nuevas posibilidades que aún pueda intentar, hacer o añadir.
He agotado por completo mi potencial, me he agotado a mí mismo, lo he intentado todo y he fracasado en todos mis intentos. No me queda nada. Y esto es señal de que he llegado a un estado en el que he examinado todas mis fortalezas y he visto que son completamente insignificantes y no valen nada. Sin embargo, con cada nueva decepción conmigo mismo, recibía un deseo mayor de alcanzar la meta. Este es el significado de los ascensos y descensos.
Cada impulso, ya sea hacia arriba o hacia abajo, produce dos resultados: la decepción con las propias fuerzas y la importancia de la meta. Uno contra el otro. Con cada nuevo descenso o ascenso, con cada impulso de este tipo, esta contradicción se agudiza y estos dos polos se alejan cada vez más, hasta que la persona llega a un punto crítico.
En este proceso, cada persona tiene su propio camino que recorrer. Pero, como dice Rabash, el héroe aquí es solo aquel que tiene paciencia, que lo intenta una y otra vez y no cede. Siempre dice: «Si no soy para mí, ¿quién lo será?». No hay otro método. Uno siempre debe hablarse a sí mismo de esta manera. Y cuando uno ve un resultado insatisfactorio y siente que no ha tenido éxito, debe decir: «No hay nadie más que Él», y comprender que de esta forma Él revela su verdadero estado.
Conoce cómo revelar luz en los ascensos y descensos La respiración espiritual: ascensos y descensos
¿Cómo diferenciar entre un descenso o ascenso espiritual verdadero?
Los estados de descenso o ascenso no se definen por si me siento bien o mal en un momento dado. Si tengo pensamientos sobre el Creador, incluso en el estado más difícil, espiritualmente esto se considera un estado «bueno». Un descenso, en cambio, es un estado en el que una persona pierde la conexión con el Creador.
Por ello, mantener la conexión con el Creador, conservar un pensamiento en Él incluso durante un estado insoportablemente difícil, es preferible a perder esa conexión en el estado más favorable. Aquí debemos hacer un gran esfuerzo para distinguir correctamente entre lo que constituye un descenso y lo que constituye un ascenso espiritual.
En cualquier momento en que el Creador nos recuerde su presencia, sin importar cómo lo haga, debemos agradecerle. El recordatorio puede llegar en forma de un golpe o a través de situaciones extremadamente difíciles.
Por el contrario, tan pronto como perdemos nuestra conexión con lo divino, los placeres animales o las preocupaciones cotidianas nos distraen de los pensamientos espirituales. Nos confundimos y olvidamos que es precisamente el Creador quien nos envía todas estas situaciones y problemas. Esto es lo que llamamos descenso. Así, un estado de descenso o ascenso espiritual no se determina por nuestros sentidos, como una sensación de amargura o dulzura, sino por si se trata de verdad o falsedad.
Por lo tanto, nos resulta muy difícil acostumbrarnos a este tipo de discernimiento. Pero cuando una persona examina sus estados de esta manera, comienza a analizarlos bajo una nueva luz.
Al evaluarlos según el principio de «verdad o falsedad», se valora su estado según un único criterio: ¿Es beneficioso para mi progreso espiritual? Este discernimiento se realiza independientemente de la percepción sensorial. Entonces, cuando la persona está preparada en verdad, surgen de nuevo las dudas: ¿Debo acudir al Creador o intentar hacer algo por mí mismo?
Si acudo al Creador cuando soy capaz de hacer algo por mí mismo, entonces será una petición artificial. Rabash da el siguiente ejemplo: un niño pequeño llora en la calle y casi nadie le presta atención. Después de todo, todavía es un niño y llora por nimiedades. Pero cuando un hombre adulto llora, se le toma en serio.
De igual modo, a una persona que carga un peso que está a punto de caerse y pide ayuda, se le ayuda de inmediato. Pero si grita «¡Ayuda!» sin motivo aparente, y todos ven que no ocurre nada grave, nadie le prestará atención.
La medida real de los ascensos y descensos espirituales
Nuestra percepción de ascensos y descensos no corresponde con la realidad, sino con lo que siente el deseo de recibir. Cuando la luz me influye, experimento un ascenso; si no, un descenso, y caigo en la depresión.
Es decir, me guío por la sensación de saciedad, ya sea en el estómago o en el bolsillo, según mis vasijas (Kelim) de recepción. Pero desde un punto de vista espiritual, esto no constituye ni un descenso ni un ascenso.
¿Cómo puedo medir verdaderamente mis ascensos y descensos? Solo cuando la Luz no brilla sobre mí. ¿Exalto al Creador por mí mismo y no solo cuando recibo de Él? ¿Lo alabo porque es grande a mis ojos? Puedo exaltar al Creador un 10%, diez o veinte gramos, o quizás sea completamente incapaz de hacerlo. Esa es la medida.
Es imposible determinar esto mientras se experimenta placer, porque la Luz anula el Kli (la vasija). Tal medición solo es posible en un estado de oscuridad, cuando me impongo una restricción y declaro que lo que sucede no importa. Lo principal es que no quiero que la presencia o ausencia de Luz me influya. Quiero relacionarme con el Creador tal como es, sin que esto tenga relación alguna conmigo.
Si soy capaz de sobrellevar los estados de oscuridad, entonces se puede decir que estoy, como si estuviera en un estado de restricción, sin querer que la Luz me ilumine. No quiero avanzar hacia el propósito de la creación mediante el combustible que el Creador me da, ya que cuando Él me da Luz, avanzo, y cuando no me la da, no avanzo. Quiero avanzar mediante mi propia luz, en un estado de oscuridad; la meta es importante para mí y esto me sirve de combustible.
Solo yo mismo puedo desarrollar la sensación de la importancia de la meta en mi interior, precisamente cuando estoy en la oscuridad.
Esto es lo que se llama fe. Y mi bienestar depende de si puedo avanzar guiado por la Luz de la fe. Si la luz de la fe me guía en lugar de la iluminación divina, entonces me sentiré bien. Y si la Luz de la fe no me guía, o es débil, o insuficiente, significa que aún no he alcanzado el estado descrito en este trabajo con los ascensos y descensos espirituales.
Tener fé en que la luz te guíe La Luz nos guía hacia la recuperación

