Cada uno de nosotros es una célula de memoria del alma colectiva. Cada una cumple una tarea específica: conectar a todas las demás en un todo.
No hay otro trabajo para ninguno de nosotros que el de conectar a todos los demás a través de nosotros mismos, debo conectar a todas las almas a través de mí mismo, tú debes conectar a todas las almas a través de ti mismo, y así sucesivamente. Eso forma una conexión integral entre todas las partes del alma.
Somos muy simples, como todo lo que hay en nosotros es simple. Vemos que todo está formado por un solo átomo, este átomo está formado por partículas, y esto se aplica a la partícula primordial; es decir, no hay nada más que la conexión correcta.
La conexión en sí no cambia, así como tampoco cambia el uso del egoísmo con el que sigo trabajando. Solo cambia la intención, imaginemos un sistema que se apaga o se enciende según la intención: “para uno mismo” se apaga automáticamente, “para los demás” se enciende automáticamente; por lo tanto, nuestro trabajo es activar todo el sistema.
Cuando no podemos activarlo, como hoy, nos sentimos existentes en nuestro estado actual de fragmentación, somos partículas que no hacen nada por sí mismas; por eso, el Creador, la luz Superior, nos selecciona, nos clasifica, nos forma, nos da ciertos pensamientos y tareas, y nosotros tratamos de llevarlos a cabo.
Nuestra tarea es muy sencilla: debemos sentir lo que Él quiere, lo que Él exige, y cumplirlo.
Por lo tanto, debemos darnos ejemplo unos a otros. Debemos comenzar un trabajo mutuo, conjunto y en equivalencia, para dar el ejemplo.
La luz superior nos selecciona Conectando nuevas almas

