Alcanzando la puerta 49 de acuerdo a la Cabalá

Antes del Éxodo de Egipto una persona atraviesa «49 puertas de impureza» Es decir, ya no cree en nada; no espera nada; ve que prácticamente no tiene ninguna conexión con la fuerza Superior y que es imposible cambiar nada en su vida. ¿Dónde se encuentra esta fuerza Superior, que es «No hay nadie más aparte de Él»? Todo está bajo el control del Faraón y es imposible hacer nada contra el ego que lo controla.

 

Una persona no entiende y no cree en el «bien que hace el bien». Solo le queda un delgado hilo que le une a la espiritualidad; es tan frágil que ya no cree que algo vaya a salir de él. La desesperación es tan grande, y el hilo que lo sostiene es la paciencia que está más allá del intelecto y la lógica.

 

Esta situación se acumula gradualmente, y si la persona alcanza realmente las 49 puertas de la impureza, entonces el poder Superior actúa contra ellas, adquiriendo la redención para ella.

 

Aquí hay que mencionar que «cada acción deja una impresión», una y otra vez, un poco más y más lejos, y así contamos los 400 años durante el período en que una persona acumula aclaraciones, esfuerzos, incluso debilidades y superaciones, que logra hacer por sí misma o con la ayuda del Creador.

 

Toda nuestra lucha por salir de Egipto está bajo el control del Creador, no hay nadie más aparte de Él y Él es el bien que hace el bien. Y la Klipá (la fuerza egoísta) niega la providencia Superior de que no hay nadie más aparte de Él en todas las formas posibles.

 

La esclavitud, el exilio (en hebreo, Galut) difiere de la redención (Geulá) básicamente por la letra «Álef«, que es el Señor del Mundo. Hay que concentrarse de manera constante en este punto y no en otra cosa. En concreto es necesario agudizar todo el tiempo nuestro esclarecimiento, luchar contra nuestra naturaleza, contra el Faraón, porque no hay nadie más aparte de Él, el bueno y que hace el bien.

Luchar contra nuestra naturaleza    En la derecha y el Honorable Exilio

 

No pedimos que alguien cambie nada; no apelamos a nuestro destino. En lugar de eso, solo nos dirigimos al Creador con nuestras peticiones. Esto es lo que no hay nadie más aparte de Él, significa, porque todo lo que sucede lo conectamos solo a Él. Solo Él realizando cada acción, preparándolas para que desde dentro de la lucha contra todas las perturbaciones en las que Él se ha envuelto, Lo descubramos y nos dirijamos a Él.

 

El exilio significa que aún no estamos preparados, pero anhelamos descubrir la fuente de todo lo que ocurre, como se dice: «Yo y no un mensajero». Este es un momento muy importante. Este es nuestro único trabajo, y depende de nosotros estar preparados para ello.

 

Es muy importante permanecer en este punto como un barco o un avión que debemos navegar constantemente para mantener el rumbo correcto a pesar del viento y las diversas perturbaciones. Esto solo es posible con una buena tripulación.

 

Todo está construido para que una persona no esté preparada para mantener su posición por sí misma. Los problemas caen sobre él, y entonces se tiene piedad de él y se le da otra oportunidad. Pero esta oportunidad es específicamente para construir el equipo adecuado para sí mismo para que junto con ellos mantenga su dirección.

 

Siempre hay que recordar que todas las perturbaciones vienen del Creador y no del Faraón o de su ejército y que no hay accidentes ni mensajeros. Por el contrario, todo viene directamente del Creador. Nuestra tarea es descubrir al Creador en lugar de todas las fuentes de poder y otras acciones. A través de esto, nuestra esclavitud, los golpes y todos los eventos de la historia del éxodo de Egipto son revelados. Todo esto es una lucha por localizar al Creador a través de todas las perturbaciones que se encuentran entre el Creador y nosotros.

 

Al principio no hay conexión entre el Creador y nosotros porque somos opuestos. Y las perturbaciones vienen precisamente para que las utilicemos para construir una conexión con el Creador. Así vemos que el Faraón nos acerca al Creador; la inclinación al mal es ayuda contra nosotros (Génesis 2:18) y transformamos eso en una conexión con el Creador.

 

Si trabajamos consistentemente de esta manera y tratamos de construir la conexión, entonces poco a poco nos elevamos a una conexión más y más fuerte, como los peldaños de una escalera, y caemos en perturbaciones aún mayores, en una mayor falta de conexión. Y de nuevo tratamos de construir Pitom y Ramsés y de nuevo caemos, perdiendo la conexión, desgarrándonos, y volviéndonos confusos, negando cualquier control por parte del Creador.

 

Como resultado de nuestros esfuerzos atravesamos 49 puertas de impureza. Si llegamos a la  puerta 49 , significa que hemos hecho una multitud de correcciones en nuestra conexión con el Creador, pero esto está oculto para nosotros. Por una fracción de momento descubrimos algo y caemos inmediatamente; así, debemos descubrir todas las perturbaciones contrarias al hecho de que no hay nadie más aparte de Él.

 

Y el descubrimiento se hace según el principio de «Yo y no un mensajero» si estamos dispuestos a representar la fuerza Superior a pesar de todas las perturbaciones. El exilio se nos da para que podamos sentir al Creador, localizarlo dentro «de la nada». Así es como alcanzamos la redención.

 

Así que es imposible olvidar que todo el trabajo hacia la redención es determinar el hecho de que no hay nadie más aparte de Él frente a todas las perturbaciones que, por supuesto, provienen del Creador.

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