Cómo el Creador nos enseña a «caminar»

Pregunta:

¿Qué significa la humildad por encima de la razón?

Respuesta:

Significa que, al revelarse el Creador, uno se siente en un estado de bienestar.

 

Durante este período, hay que entender que alcanzó este estado no por sus propios esfuerzos; no es mérito suyo. Simplemente, ahora agrada al Creador, por lo que Él desea acercarlo más y lo hace por su propia cuenta.

 

Y después, el Creador le dará a la persona la oportunidad de acercarse a la espiritualidad por sus propios medios.

 

¿Qué significa esto? Debes alcanzar un estado en el que te sientas lleno de Luz y de la cercanía del Creador por ti mismo, mediante tu propio esfuerzo, en el momento en que experimentes la oscuridad. Esto se puede comparar con la situación en la que una madre deja a su hijo, se aleja un paso, y ahora el pequeño debe dar un paso adelante para caer en sus brazos. Así es como ella le enseña a caminar.

 

De igual modo, la persona debe reconectarse con el Creador e intentar restaurar la unidad espiritual que había recuperado, como un niño que regresa a los brazos de su madre. Pero debe hacerlo mediante su propio esfuerzo, es decir, llenando sus espacios vacíos con su propia Luz interior.

 

Anteriormente, la madre llenaba sus Kelim; esta era la plenitud que venía de lo alto. Ahora debe llenarse a sí mismo a través de la luz de Jasadim y alcanzar el mismo estado de gozo, unidad y cercanía que cuando el Superior llenaba sus Kelim.

 

Este estado se llama llenarse con la Luz de la fe durante la oscuridad, para que una persona no sienta carencia (Jisarón), para que la fe llene todo su Kli, como está dicho: “Y la oscuridad brillará como la Luz”.

 

Procesos similares se presentan también antes del Majsom, pero la Luz en estos estados no es real. Incluso antes del Majsom, se experimenta confianza y alegría gracias a la cercanía y la sensación de la presencia divina.

 

Y tras entrar en el mundo espiritual, todas las sensaciones se miden con Luz; se atraviesan estados auténticos y reales. Es como el nacimiento a una nueva vida.

 

La relación entre el anfitrión y el invitado

Pregunta:

¿En qué consiste el otorgar al Creador? Al fin y al cabo, el Creador, en esencia, no necesita ningún tipo de ofrenda por nuestra parte.

Respuesta:

Tomemos el ejemplo del huésped y el anfitrión que Baal HaSulam eligió probablemente porque describe todos los matices de la relación; por un lado, parece que el anfitrión no necesita nada del huésped, pero, por otro lado, ¿por qué, a pesar de ello, le hace consciente de Su existencia?

 

Podría recibir placer del huésped sin revelarse. ¿Tiene una madre en nuestro mundo la intención de revelarse ante el niño cuando le da algo? No, tal es simplemente la naturaleza de su deseo de recibir. Ella disfruta aunque el niño no le devuelva nada.

 

Así, desde la perspectiva del deseo de recibir, el anfitrión no está obligado a revelarse ante el huésped; el deseo de recibir ya contiene la satisfacción del acto de otorgar. Por lo tanto, el deseo de revelarse ante el invitado proviene del deseo de otorgar; a través de la revelación del Anfitrión, el invitado puede alcanzar un grado más elevado que el de un receptor.

 

Vemos que Biná no necesita ninguna retribución de Maljut más allá de recibir MAN, según lo cual ella transmite MAD de Aba a Maljut, y nada más. ¿Por qué? El ZAT de Biná es el deseo de recibir, por lo tanto, ella no necesita ninguna respuesta de Maljut, que simplemente recibe sin ninguna restricción.

 

Pero cuando Biná se revela a Maljut, no revela su esencia, sino su GAR, el deseo de otorgar que recibió de Kéter, y desea asemejarse a él porque Kéter es el otorgante.

 

Aquí hay una especie de paradoja. Si el deseo de recibir funciona en con el fin de otorgar, entonces no necesita ninguna respuesta para su propio beneficio. El deseo de la madre (Ima) de recibir se cumple; ella se satisface al tomar del padre (Aba) y transmitirlo. Su AJaP está lleno, y ella lo disfruta: basta con pedir desde abajo, y eso es suficiente.

 

De esto vemos que incluso si el Creador tuviera un deseo de recibir, Él aún no tendría necesidad alguna de revelarse al ser creado, solo para otorgar y disfrutar del otorgamiento. Solo la necesidad de llevar al ser creado a Su nivel obliga al Creador a revelarse, no por un deseo de recibir, sino por un verdadero deseo de otorgar, a fin de construir Kelim dentro del ser creado, deseos de alcanzar Su nivel.

 

Por lo tanto, cuando el ser creado comienza a sentir al anfitrión, también percibe Su estatus. El anfitrión no se limita a otorgarle, pues quien otorga en realidad quiere recibir placer de ello, lo cual nos parece justificado. Pero cuando el anfitrión se revela como perfecto, revelando al ser creado su propia imperfección en comparación, entonces el ser creado adquiere verdaderamente una carencia (Jisarón).

 

Ahora vemos que recibir placer del anfitrión dentro del deseo de recibir es necesario solo para mantener la conexión, mientras que todo lo demás se basa únicamente en el deseo insatisfecho (Jisarón) del ser creado de ser como el anfitrión. Por lo tanto, cada vez que profundizamos en el trabajo, en su importancia, en cualquier relación con el Creador, debemos relacionarnos con Él no como el otorgante (“Ve al Maestro que me hizo”), sino como un modelo para mi Jisarón, como aquel en quien debo convertirme.

 

Debo esforzarme por alcanzar las mismas cualidades, las mismas propiedades, las mismas aspiraciones que Él tiene. Y esto se denomina las «primeras nueve Sefirot» (Tet Rishonot). El resto de la relación se construye entonces sobre la interacción entre el receptor y el otorgante, entre el Creador y el ser creado.

 

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