El deseo general de recibir, el deseo colectivo de la humanidad, ha llegado a un nivel en el que fragmentos del alma comenzaron a descender desde arriba. En otras palabras, el deseo de recibir incrustado en la humanidad comenzó a iluminarse con luz desde arriba para poder escrutar. Cuando esta luz brilla, surge un punto en el corazón.
Este punto apareció por primera vez en Abraham, quien fue el primero en descubrir al Creador. De él surgió el linaje de los estudiantes y el concepto de grupo. Sin la revelación de Abraham, la humanidad habría continuado existiendo sin escrutinio espiritual y avanzando de acuerdo con la línea temporal general del universo y la realidad.
A partir de Abraham, las personas empezaron a tener libre albedrío. Con la iluminación de la luz, pudimos empezar a permitir acciones por nuestra cuenta. ¿Qué acciones podríamos realizar? Acciones que faciliten la conexión entre las almas. Por eso necesitamos a alguien cercano, un amigo a quien admirar y emular. No podemos depender de alguien distante.
La única elección libre que tenemos es la de tomar una carencia adicional de alguien que es igual a nosotros. Esta elección es la misma que hizo Abraham en su época. Cuando el Creador le dijo: “Haré que tu descendencia sea tan numerosa como las estrellas del cielo” y “Tu descendencia será extranjera en una tierra que no es la suya”, en esencia estaba proporcionando las condiciones para la libre elección. Para que alguien se inspirara en otro, para tomar un deseo de él, el papel de un solo cabalista fue reemplazado por un grupo de individuos muy unidos, un grupo de cabalistas llamados “judíos” o “hebreos”, que se establecieron en la Tierra de Israel.