Como tal, no puede existir la igualdad absoluta, porque todos somos diferentes. Todos tenemos nuestras raíces espirituales, otra alma y por consiguiente, cada uno puede enriquecer al otro.
Cuando los estudiantes de Cabalá se unen en mutualidad, todas sus raíces espirituales se unen y forman lo que se conoce como Árbol de la Vida. Es decir, al fusionarse, pueden evocar una gran luz de Arriba, que les permite revelar todo el sistema de la creación.