Comentario:
Hay personas que cuando comienzan a estudiar Cabalá primero se encienden, se mantienen elevados por un tiempo y luego se enfrían lentamente o incluso lo dejan. Son absorbidos por la vida corporal y la importancia de la espiritualidad se desvanece en el fondo.
Mi Respuesta:
Es una fase natural en la vida de cada uno, veo cómo mis alumnos a veces están dormidos durante meses y apenas vienen a clase, que cumplen como un deber, y los hay que desaparecen y más tarde vuelven de nuevo.
Una persona debe trabajar plenamente a través de su sistema, cada etapa como un lanzacohetes, de lo contrario, no entrará en órbita.
Además, se pasa por procesos muy complejos y discernimientos internos y externos. Es un camino difícil y no hay por qué ocultarlo, es una búsqueda de uno mismo, un camino hacia uno mismo que aún no conoces y que estás creando por ti mismo.
Tienes una gota de semilla espiritual en ti, pero hacer una «incubadora» para que crezca es tu trabajo, la incubadora es el grupo, la atmósfera, un entorno que te dará la importancia del crecimiento espiritual y te suministrará material para ello, es la conexión con los demás que se manifestará en ti como una conexión con el cordón umbilical del cuerpo de tu madre, del gran entorno.
Por lo tanto, en nuestra difusión, debemos en primer lugar crear el entorno adecuado para cada persona en la tierra que de esta manera podrá conectarse a su «incubadora», a su «útero», y así crecer; de lo contrario, no podrá crecer, debe verse a sí mismo conectado al gran deseo de otros como él.
Al conectar con ellos, añadirá «carne» a su gota de semilla, a la información prácticamente desnuda, y recibirá una fuerza revitalizadora del grupo, le proporcionarán la importancia del otorgamiento, la conexión, el amor mutuo y la garantía mutua.
La sensación que le vendrá tanto de la conexión con otros en un sistema como de la sensación de una fuerza mutua, masiva y benevolente moviéndose en este sistema, le permitirá estar en el nivel del hombre, Adam, de la palabra «Domeh» (similar al Creador). Él sentirá que junto con otros sostiene un sistema dentro del cual opera una fuerza llamada el Creador.
Este es el entorno, la atmósfera que debemos crear para el mundo, sabemos cómo hacerlo, pero aún nos queda mucho trabajo por delante.
Por lo tanto, en la época de Abraham, se creó un grupo cabalístico, que más tarde, como toda la humanidad, cayó en este mundo para recrearse hoy en día de acuerdo con la metodología que se almacenó y desarrolló en él todo el tiempo y para explicar a todo el mundo cómo debemos ser.

