Consejos sobre cómo construir relaciones exitosas basadas en los principios espirituales y la comprensión de nuestra naturaleza.

En el mundo espiritual el alma se une con la Luz y esta unión se llama Zivug – acoplamiento. Constituye la unificación de dos partes de la creación, masculina y femenina y es el mayor placer que puede existir: el alma se llena de la Luz del Creador.

 

Este acoplamiento espiritual también tiene una rama o copia en el mundo físico, el mundo de la materia. Por eso nos preocupa tanto el sexo: es el placer supremo en este mundo y la raíz de todos nuestros deseos en este mundo.

 

El sexo es la base de todos nuestros pensamientos, porque su raíz es la unión del alma con el Creador. Esta unión es el objetivo final de la Naturaleza, y todo lo que ocurre en el mundo está determinado por el objetivo final. Por eso no podemos evitar pensar en el sexo. Nuestra atracción por el sexo opuesto y por el placer también provienen de este estado final – la adhesión con el Creador, llamada «Zivug» (unión sexual sin fin).

 

El placer que sentimos en el sexo es un ejemplo perfecto de la diferencia entre el placer físico y el espiritual. Dedicamos mucho tiempo y esfuerzo a pensar en el sexo, y nos imaginamos que nos proporcionará un enorme placer, pero en realidad nuestro placer se desvanece en el momento en que alcanzamos la cima de la satisfacción sexual. Antes de que realmente hayamos tenido tiempo de disfrutar de esta sensación, se acaba y nos encontramos de nuevo esforzándonos por conseguir otro momento de placer.

 

Esto es lo que ocurre en nuestro mundo, porque el placer que colma el deseo lo neutraliza inmediatamente. Al dejar de tener el deseo, dejamos de sentir placer. Nos deja una sensación de vacío y a medida que la vida avanza, este vacío no hace más que crecer. Por eso está escrito: «Uno deja el mundo con la mitad de sus deseos insatisfechos».

 

El placer espiritual funciona de manera muy diferente porque estar en la espiritualidad significa tener la capacidad de recibir la Luz con la intención de dar placer al Creador, a Aquel que te da la Luz. Por lo tanto, en la espiritualidad, el acoplamiento o el sexo es continuo y eterno, y sólo crece más fuerte todo el tiempo. Como resultado, uno siente la vida eterna y la realización perfecta que constantemente se hace más grande. Obviamente, esto es muy diferente del placer que sentimos en nuestro mundo, donde sólo podemos sentir un placer momentáneo seguido de vacío.

 

Por eso está escrito que desde que las personas cayeron del mundo espiritual a nuestro mundo, sólo aquellos que alcanzan el mundo espiritual siguen sintiendo el verdadero sabor de la cópula. El verdadero placer espiritual se alcanza cuando dos partes opuestas de la creación -masculina y femenina- se unen y se llenan de la Luz común.

 

Subconscientemente, en nuestras almas, todos deseamos este acoplamiento porque fuimos creados para ello. En cierto nivel, todos aspiramos a sentir el mundo espiritual porque es el único lugar donde encontraremos un placer verdadero y duradero.




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