Sacrificamos nuestro egoísmo, es decir, nuestra naturaleza (inanimada, vegetal y animal), que solo desea placeres, vida fácil y éxito en todo lo que se pueda.
Nuestro deseo por una vida así, es inherente al egoísmo por naturaleza. Y si queremos restringirlo y llegar a otro estado en el que no deseamos usar nuestro egoísmo, sino que por el contrario, buscamos separarnos de él y no utilizarlo, esto se llama sacrificio.