Un lugar es un deseo. Tratamos de escapar del deseo egoísta, hacer esfuerzos y pedirle al Creador que nos ayude a hacerlo. A nuestros débiles esfuerzos, como los de un niño pequeño, el Creador les da su ayuda, y entonces nuestros esfuerzos se convierten en acción. Así es como ascendemos los peldaños de la escalera espiritual hacia el Creador.