Nuestro mundo entero está hecho de imágenes de recibir, porque en nuestro deseo de disfrutar, en nuestra materia oscura, no hay nada. Cuando una pequeña luz brilla en él, y este deseo se ve ligeramente afectado por la Luz, entonces diversos fluidos, ondas y corrientes cambiantes surgen dentro de este deseo.
Éstas construyen en nosotros, en nuestros sentimientos y mente, la sensación de este mundo. Después de todo, nuestro mundo no es la verdadera realidad, sino lo que imaginamos en nuestros sentimientos y mente desde la Luz que ilumina tenuemente el deseo interior en una forma tan diminuta, débil e irreal, ya que no hay conexión entre el deseo y la Luz.
Cuando nos unimos y se forma un deseo que posee el poder de la unidad de todas sus partes, la Luz se manifiesta en el deseo al unirse por encima de la separación que existe entre sus partes. En consecuencia, la Luz se revela en él, y dentro del deseo, en el corazón y la mente, se revelan las verdaderas formas de la Luz, del otorgamiento.
Mientras que en nuestro mundo falsas formas de otorgamiento se despliegan en nuestros deseos y pensamientos como sombras oscuras que pintan imágenes en una pared. Por lo tanto, debemos esforzarnos por alcanzar una imagen verdadera de la realidad.