Si todo lo que existe en el universo proviene del Creador, ¿Qué queda entonces? Lo que queda es un componente muy intrigante: Mi esfuerzo por sostener la perspectiva de que todo proviene de Él.
Supongamos que me he adaptado a esta perspectiva, pero al cabo de un minuto desaparece, se me escapa o se distorsiona, en un momento puedo sentir que existo de forma independiente y que el mundo que me rodea gira por la mano del Creador. En otro momento, parece que todos mis parámetros están determinados por el Creador que está dentro de mí, mientras que el mundo exterior parece estable o fluctuante, pero de alguna manera separado.
Así pues, si quiero revelar al Creador, debo trabajar continuamente en el ocultamiento. El ocultamiento consiste en reconocer que todo está condicionado por Él y que “No hay nada más que Él”. Mi tarea es percibirme a mí mismo y al mundo correctamente, separar lo que no me pertenece de lo que constituye mi “yo”, es decir mis esfuerzos, y aun dentro de estos esfuerzos, debo analizar lo que es verdaderamente mío en mis esfuerzos, y lo que ha sido creado en mí por el Creador, pues puede haberme parecido que algo era obra mía.
Aunque ayer parecía que yo personalmente quería seguir el camino del Creador, aún debo corregirme y reconocer que fue el Creador quien me concedió esta oportunidad y no mi propia acción.
Así vemos que el trabajo dentro del ocultamiento comienza a tomar forma como una delineación clara de dónde termina el “yo” y dónde comienza el Creador.
¿Existe siquiera el “yo”? y ¿Qué es este “yo”? Es evidente que mi cuerpo físico es temporal.
Si mis pensamientos y sentimientos no son “yo”, entonces se deduce que a través de un correcto discernimiento de nuestros esfuerzos por formar una percepción de “yo y del mundo que nos rodea” podremos encontrar algo que sea verdaderamente nuestro.
Es evidente que este “mío” no abarca los parámetros fundamentales del mundo ni de mí mismo, ya que éstos fueron predeterminados mucho antes de mí. Por lo tanto, es en mis intentos de construir una visión interna del mundo donde se puede encontrar mi “yo”, un resultado de mi búsqueda del Creador, de la verdad y del sentido de la vida. Y este “yo”, en esencia, es lo que se llama “mi alma”. Esta es la esencia del trabajo dentro del ocultamiento.