El comportamiento de un cabalista determina la meta

Comentario:

Me parece que la actitud que usted tiene hacia aquellos con los que estudió difiere de la que tiene hacia sus alumnos.

Mi Respuesta:

 Un estudiante es un estudiante. Con los que estudié con Rabash, éramos más iguales, aunque no había amistad entre nosotros. A diferencia de los demás, yo siempre estaba, exclusivamente, al lado de Rabash.

 

Por supuesto, les trataba de forma algo diferente, pero ni los exaltaba ni los menospreciaba. Sabían algo, pero por desgracia no lo pusieron en práctica. Por eso me distancié de ellos y no me acerqué.

 

Estoy mucho más cerca de mis alumnos que de los que una vez estudiaron con Rabash. Trato a mis alumnos mucho mejor, con cariño.

Pregunta:

¿Pero esto no podría ser perjudicial para los alumnos? ¿O simplemente se está distanciando de ellos?

Respuesta:

No me distancio de nada. Mi trabajo es mi vida, mi mundo, vivo dentro de mí. Creo que debo comportarme así. ¿Por qué debería actuar de otra manera?

 

Si hubieses visto a Rabash, nunca abrazaba a nadie. Era muy raro verle siquiera estrechar la mano de sus alumnos o allegados. Si se le acercaba un desconocido, por supuesto, lo saludaba con la cortesía humana habitual. Pero con los cercanos era absolutamente normal. Además, con sus alumnos era bastante estricto, incluso algo seco.

 

Lo copio inconscientemente en muchos aspectos, ocurre de manera  involuntaria.

 

Pregunta:

¿Y él a quién copió?

Respuesta:

No sé si copió a alguien. En principio, las cualidades internas y espirituales que se estructuran en tu interior conforman la manera en que te relacionas con los demás. Debes comportarte de esta manera y no de otra porque tus rasgos internos te mantienen dentro de estos límites.

 

No creo que me comporte con arrogancia. Simplemente tengo mi vida interior y vivo en ella. Externamente, actúo como considero necesario para mi existencia espiritual. Básicamente, todo lo que hago establece el objetivo, desde las acciones agradables hasta las que, tal vez, sean exteriormente desagradables.

 

La barrera que hay que cruzar

 

Por un lado, la comunicación entre las personas de nuestro mundo está en constante evolución; por otro, vemos lo incapaces que somos de comprometernos de verdad en ella. Creamos la comunicación solo para utilizarnos unos a otros para continuar de algún modo nuestra existencia. No podemos vernos ni hablarnos genuinamente.

 

Me he dado cuenta de que hoy en día la gente ni siquiera quiere utilizar mucho el teléfono, prefieren enviar SMS o mensajes que no les obliguen a nada. Basta con lanzar una palabra impresa, por así decirlo, y ya está.

 

Pero hablar de verdad con alguien, eso ya conlleva ciertas obligaciones y requiere que uno invierta su alma, que forme algún tipo de conexión interior más profunda. La gente no quiere dar ese paso. Por eso creo que incluso esta era de comunicación telefónica se estancará en su desarrollo: «No quiero estar tan abierto a los demás».

 

Lo mismo ocurre con Internet. Si deja de estar velado, todo el sistema de comunicación empezará a consumirse. La gente se dará cuenta de que hay un ojo electrónico que lo sabe todo sobre ellos y puede comprometerlos delante de todo el mundo: delante de su cónyuge por visitar ciertas páginas web, delante de su familia por algo que dijeron o escribieron sobre ellos en algún sitio.

 

En resumen, si Internet se revela plenamente como un sistema que impide que una persona se aísle de los demás -algo que exige el egoísmo de hoy en día- entonces eso marcará el fin de Internet. Seguirá siendo una mera base de datos, pero no habrá comunicación a través de ella porque hoy en día una persona busca ante todo su propio rincón tranquilo y solo está dispuesta a conectar con los demás a distancia.

 

Se trata de una manifestación de la ruptura de la conexión que se produjo a nivel del alma en el descenso a nuestro mundo. Creo que el futuro se desarrollará en una dirección ligeramente diferente. Una persona tendrá la oportunidad de permanecer de incógnito mientras interactúa con los demás, pero aún así llegará gradualmente a reconocerse a sí misma como un elemento necesario de la sociedad y a la sociedad como un sistema necesario para ella.

 

Debemos revelar nuestra total interdependencia. Se hará evidente a través de terribles sufrimientos, crisis y cataclismos, a través de tan intrincados juegos del Creador que no tendremos lugar a donde escapar.

 

Y de repente descubriremos el primer grado espiritual hacia el que nos conduce la naturaleza, donde percibiremos nuestra interconexión. Pero yo no quiero esta conexión, quiero sentarme en mi rincón y utilizarla solo cuando me beneficie.

 

Sin embargo, te verás obligado: no, debes rendirte a esta conexión, entrar en ella como una célula totalmente integrada y no habrá escapatoria. Descarta tus razonamientos y emociones personales, debes incorporarlos a este sistema.

 

Y lo que les ocurra lo determinará el propio sistema. Hasta el punto de que puede llegar a decir: «Eres innecesario, nos perjudicas, o simplemente no eres necesario», y aceptarás ser anulado. Igual que las células de un cuerpo, miles de millones mueren cada segundo, y miles de millones se regeneran.

 

Por supuesto, en nuestro progreso espiritual no hay muerte ni desaparición, pero tendremos que experimentar la voluntad de sumergirnos profundamente en el sistema. Esta es una barrera psicológica muy seria que hay que atravesar. Y la humanidad llegará a darse cuenta de ello, ya sea voluntariamente o a través de dificultades.

 

Los Cabalistas intentamos facilitar este proceso mediante la enseñanza y la explicación. En siglos pasados los cabalistas también entendieron esto e hicieron lo mismo. El método permanece inalterado porque estamos corrigiendo lo que sucedió antes de que nuestro mundo llegara a existir, estamos corrigiendo el rompimiento espiritual.

 

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