El Creador está en todo

El Creador está en todo: en el mundo, en la sociedad, humanidad, y en la decena. Nosotros simplemente lo revelamos allí según nuestras propias cualidades. Imagina a diez personas sentadas alrededor de una mesa. El Creador está entre ellas, listo para revelarse tan pronto como establezcan la red correcta de relaciones.

 

Por lo tanto, no nos queda más remedio que coger una hoja de papel y dibujar en ella lo que cada uno debe aportar al centro de la mesa, para que en ese centro se forme un deseo verdadero y adecuado, que es precisamente lo que se requiere para la creación. Siempre que se me pide algo, debo mostrar la intención correcta ante mis amigos, y si no puedo, no pasa nada. Lo importante es mi voluntad. “Ayúdame y lo intentaré”. Eso es suficiente, porque está escrito que “nadie puede liberarse a sí mismo de la prisión”. Solo los demás pueden ayudarme a escapar de mi egoísmo.

 

No hay nada malo en que se reúnan una decena de egoístas que solo quieren recibir, pero están dispuestos a sentarse y trabajar en su egoísmo para llegar a la interacción correcta, de modo que se forme entre ellos una intención equilibrada y con la responsabilidad mutua y un sentimiento de dependencia. 

 

Gradualmente, comenzarán a sentir lo cerca que están unos de otros y se darán cuenta de que el Creador no los unió en vano. Es precisamente en esta conexión común, en su decena, que Él ve algo de Su propia imagen; por lo tanto, debo relacionarme con cada uno de mis amigos como alguien elegido por el Creador, como alguien colocado a mi lado que no es solo un amigo, sino que es parte de mi propia alma.

 

Se dice que «no hay lugar en el mundo que esté vacío de Él». Aquí, «lugar» significa deseo. Tan pronto como nuestros deseos alcancen incluso un estado mínimo de otorgamiento y amor, inmediatamente revelaremos al Creador en nuestro interior.

El Creador está luchando por mí

 

En nuestro vasto deseo de disfrutar hay una chispa, el embrión del alma. Todo lo que proviene del Creador debe dividirse en dos partes: una que actúa en relación con el deseo de placer, llamado «cuerpo», el egoísmo  y otra que actúa en relación con el alma, el propósito de la creación, para que crezca y se asemeje cada vez más al Creador, ascendiendo en la escala espiritual.

 

Donde los pecadores tropiezan, los justos se alegran y se levantan. Después de todo, los pecadores y los justos son las inclinaciones al bien y al mal.

Una persona que no trabaja para el Creador se lamenta por las dificultades de la vida y el otro percibe esta dificultad como algo que no la afecta a ella misma, sino a su deseo egoísta de disfrutar; por lo tanto, ve en ello un medio para ascender al Creador. Así es como el Creador la despierta y la ayuda a anular su egoísmo y a aferrarse a un punto en su corazón, a la fuerza Superior.

 

De esta forma debes relacionarte con cada momento de tu vida. El Creador envía obstáculos a todos. Si una persona comprende que estas influencias desagradables son enviadas para aplastar su deseo egoísta, se regocija. Puede considerar este golpe como un golpe al ego y tratar de aferrarse al Creador con el corazón en alto y elevarse aún más.

 

Resulta que todos nuestros obstáculos son llamados a esforzarnos por superarlos correctamente, para aferrarnos más al Creador. Los sentimientos desagradables actúan contra nuestro ego, señalándolo y ayudándonos a aplastarlo.

 

No se requiere que una persona luche, solo debemos separar y filtrar la influencia del Creador, dirigiendo la mala influencia hacia nuestro ego, y la buena hacia nosotros para ayudarnos a adherirnos al Creador y elevar el punto en el corazón. Por lo tanto, «donde pasan los justos, los pecadores tropiezan».

 

El Creador ya lucha por nosotros enviándonos obstáculos. No hay enemigos en la morada del Rey contra los que luchar. Solo necesitamos atribuir los problemas enviados desde arriba a nuestro ego para reprimir y elevar el punto en el corazón cada vez más.

 

Veremos que el Creador está realizando este trabajo, llamado el trabajo del Creador. El Creador está librando esta guerra y la completará por mí. Él lo hará todo, en cada ocasión, solo necesito ser sensible y determinar correctamente hacia dónde se dirige la influencia desagradable del Creador, cómo afecta mi ego, y cómo invita a mi corazón.

 

Una persona siempre debe dividirse en dos: en un deseo egoísta, que debe ser aplastado, impedido de ser usado, restringido; y en un punto en el corazón, que, en cada oportunidad, debe dirigirse hacia la fusión con el Creador.

Más información sobre  El trabajo del creador

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