En general, la mujer no se esfuerza por alcanzar la espiritualidad de la misma manera que el hombre. Ella se preocupa mucho más por sí misma y por su familia: los hijos, la ropa, la comodidad, etc. Todo esto es muy importante para ella. Para el hombre, si desea la espiritualidad, ésta se convierte en su todo. Lo demás constituye un cinco por ciento de sus preocupaciones, para la mujer, es lo contrario.
Su progreso depende del hombre, de su marido. Esto lo vemos en la vida, aunque solo ha habido unos pocos ejemplos en la historia, como la esposa de Rabí Akiva o la hija de Rashi. Por lo general, una mujer no puede progresar de la misma manera que un hombre. Tales mujeres han sido muy raras.