El comienzo del siglo XX estuvo marcado por un intenso desarrollo de la industria, la economía y las finanzas. Todo iba bien. Creamos muchas profesiones innecesarias: administradores, abogados, economistas, sociólogos, politólogos, etc. Además, si tomas cualquier ciudad, en ella vive una población que solo se sirve entre sí.
Y con la tecnología actual, que ahora desarrolla la robótica, ya no habrá necesidad de nadie. Digamos que quedan mil millones de personas en la Tierra, que es mucho, ¿para qué necesitamos esta enorme masa?, devora toda la infraestructura natural, vuela de un lado a otro del mundo, se va de vacaciones, trabaja en trabajos innecesarios y no se hace nada, solo crea valores artificiales en torno a los cuales giran.
Debemos detener todo este enorme teatro de vanidad absurda, todos los medios. La madre tierra ya no lo aguanta, es necesario reducir la población. Así razona la élite egoísta y absolutamente correcta.
Y nosotros, los cabalistas, ofrecemos el camino opuesto. Decimos que si hay relaciones adecuadas, no hay necesidad de destruir a nadie. Podemos llegar a un equilibrio tan dinámico y absoluto con la naturaleza, donde todo estará bien, y no solamente no habrá conflictos, sino que nos elevaremos a otra dimensión, a otro nivel, a un área totalmente diferente, que se llama, mundo superior.
Las élites piensan únicamente en llevar al mundo a un equilibrio en materia, energía e información y a reducir la población para que viva en unión egoísta óptima con la naturaleza circundante.
Nosotros decimos que no se logrará, porque no toman en cuenta el plan de la naturaleza. La naturaleza tiene un plan claro. Y la élite se mete en el desarrollo egoísta natural del hombre y piensa en reajustarlo.
No funcionará, pues del lado de la naturaleza todo está planeado, determinado y claro y, existe bajo la presión de ciertas condiciones y leyes.
Todo está planeado Sufrimiento—disparidad con la naturaleza
