El rey tenía un amigo fiel. Pasaban todo el tiempo juntos, y pasara lo que pasara, el amigo siempre decía: «Esto es bueno».
Una vez fueron de caza. El arma del rey explotó y le voló un dedo. El amigo dijo: «¡Esto es bueno!» El rey se enfadó y lo envió a prisión durante muchos años. Pasó algún tiempo, y mientras el rey viajaba lejos de casa, su caravana fue atacada por caníbales. Los caníbales se comieron a todos menos al rey.
Tenían la superstición de no comer nunca a personas con defectos físicos. Cuando el rey volvió a casa, lo primero que hizo fue correr a la prisión y pedir perdón a su amigo. Y el amigo exclamó: «¡Pero es bueno que me hayas metido en la cárcel!». «¿Por qué?» «Si no, habría estado contigo en ese viaje». En otras palabras, los caníbales se lo habrían comido a él también.