Hay una parábola sobre un carpintero que llegó al cielo. Allí conoció a Dios y entabló conversación. Dios dijo: “¡Cómo te envidio!” El carpintero respondió: “¿Por qué?” “Porque tus sillas no corren detrás de ti y no piden constantemente: “¡Dame dinero, dame salud, dame felicidad!”
La pregunta es por qué el Creador se enfada con la gente que pide: ¿Dame, dame, dame, dame?