Es necesario tomarse muy en serio las reuniones del grupo, en las que debe haber una presencia del cien por cien de todos sus miembros. Los amigos deben comprender las tareas del grupo, ayudarse mutuamente y estar dispuestos a unirse de tal manera que no deseen otra cosa que la revelación del Creador dentro de ellos.
Esta meta es tan frágil y no proporciona ninguna satisfacción a nuestro egoísmo, y cualquier frivolidad, cualquier desprecio por ella, puede destruir el grupo.