En nuestro mundo, los celos provienen del sentimiento egoísta de “Tengo esto, es mío y recibo placer, pero nadie más debe recibirlo. No tomes mi hueso o te morderé”.
Tan pronto como me vuelvo indiferente a este objeto, dejo que otros lo agarren, lo tomen y lo rompan en pedazos, entonces ya no estoy interesado en él. Y si me interesa, es desde mi punto de vista para que la otra persona no se sienta mejor que yo.
Los estados espirituales se construyen únicamente sobre la combinación y la participación mutua en la recepción de la luz Superior. La parte femenina no puede estar sin la parte masculina y el masculino sin la femenina.