Comentó que las artes marciales compensan la falta deegoísmo.
Mi respuesta:
No, hablaba de algo más, de la generosidad de la fuerza. Una persona fuerte no tiene que defenderse todo el tiempo, puede ser generosa.
Con una persona así, aunque sea muy fuerte, puedo incluso hostigarla, sé que no me va a dañar. Porque ambos entendemos que soy débil en relación con ella y puedo estar en cierto modo de igualdad de condiciones incluso, tal vez, la agreda un poco, como el niño con un adulto.
Si realmente hay una diferencia clara entre nosotros, es comprensible que ambos reconozcamos que es mucho más fuerte que yo. Por eso, la fuerza, no necesariamente física, sino la fuerza de cualquier tipo, la superioridad de uno sobre el otro, permite a la persona ser magnánima.
Es cierto hoy ya no es así. Pero, en principio, la gente fuerte, sana, poderosa por naturaleza, en general, es generosa. Es natural. Sin embargo, si solo se limitan a inflar sus músculos, su esencia malvada permanece.
Es una gran diferencia entre una persona naturalmente fuerte como Ivan Poddubny (un famoso luchador ruso) y un atleta moderno, sin generosidad en su interior. Es como darle a un hombre malvado un arma, darle poder, inflarlo y ahora, lo usa.
En todas las competencias, batallas o duelos, siempre ha habido ciertos códigos para comportarse con el enemigo. En ellos se destacaba el carácter especial del hombre, es decir, su generosidad junto a la fuerza.