Nuestra meta es corregirnos hasta el nivel del Creador. Por lo tanto, siempre debemos comprobar qué más podemos corregir y volvernos similares al Creador.
Por eso, los que hacen esta obra son llamados justos, aunque no sean santos, son justos porque quieren justificar al Creador; sin embargo, aquellos que no quieren justificar al Creador, que están inmersos en el egoísmo y están de acuerdo con esto, son llamados malvados.