Al igual que una brújula capta el campo magnético, nosotros también lo hacemos. Al reunirnos, creamos un instrumento para percibir este campo, que nos orienta, nos mueve y nos nutre.
A medida que la aguja de la brújula empieza a girar en el campo magnético, trabajamos en la decena hasta que empezamos a sentir el campo espiritual entre nosotros, que nos da forma y nos hace avanzar. Esta es una sensación interna para cada persona hasta el punto en que uno se anula a sí mismo ante la decena.