La frontera que separa los mundos

Puede parecer que el amor al prójimo es algo sencillo e insignificante, como aconsejar a un niño que sea amigo de los demás en lugar de pelearse. Pero, en realidad, es la frontera que separa nuestro mundo corpóreo, donde vivimos en el amor a nosotros mismos, de la realidad superior donde existen quienes han alcanzado el amor al prójimo.

 

Debemos comprender que esta frontera por encima del mundo corporal es muy clara y está estrictamente vigilada desde el mundo espiritual. En esta frontera vigilan fuerzas inmensas, severas y muy exigentes, que determinan con precisión quién debe permanecer en nuestra realidad inferior y quién es digno de existir en la realidad superior, en el futuro mundo espiritual.

 

Nuestro trabajo consiste en salir de la realidad inferior que percibimos ahora. Es más, ni siquiera nos damos cuenta de lo baja y limitada que es, porque es nuestra vida y nuestro mundo; somos nosotros.

 

Los cabalistas explican que lo principal es cruzar la frontera y entrar en el mundo superior y desde allí seguir ascendiendo cada vez más alto. No debemos dejar que las fuerzas de la naturaleza nos influyan y nos confundan, lo que nos hace volver a estar bajo el control de las leyes egoístas de este mundo.

Éste es el objetivo principal de la sabiduría de la Cabalá: enseñarnos a cruzar esta frontera, familiarizarnos con las leyes del mundo Superior y comenzar a utilizarlas. En otras palabras, la tarea de la Cabalá es salvarnos y prepararnos para la existencia en el mundo del Creador que habita en el grado más alto del mundo espiritual.

 

La Cabalá no se ocupa de este mundo ni de nada que esté por debajo de la frontera con el mundo Superior. Aquellos que hacen la transición al mundo espiritual superior comienzan a estudiar sus leyes, a revelarlas dentro de sí mismos y a aprender a usarlas correctamente.

 

Antes de que una persona pase al mundo espiritual, puede comprender muy poco de la sabiduría de la Cabalá, ya que ésta está dedicada por completo a las leyes del mundo Superior; por lo tanto, todos nuestros esfuerzos deben estar enfocados en esta transición desde nuestro mundo al mundo Superior: en nuestros sentimientos, percepciones, comprensión y conciencia.

 

Todo lo que se refiere a este mundo no pertenece a la realidad en la que debemos permanecer. El alma, que está presente en cada uno de nosotros, es una partícula divina que viene de arriba y que se esfuerza por volver al mismo estado, a la misma realidad en la que está el Creador, es decir, al mundo Superior. Solo en relación con este mundo superior nos evaluamos a nosotros mismos, no en relación con nada que esté por debajo de la frontera entre los mundos.

 

Todo lo que vale la pena hacer en esta vida debe ser con el fin de ascender de este mundo al mundo Superior.

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